No les pidas que se concentren, enséñales cómo hacerlo

Actualizado: 24 de ago de 2019



La demanda siempre ha sido la misma: ¡pon atención! Desde niños nos exigen que lo hagamos, pero nadie se tomó la molestia de enseñarnos cómo. Esto responde a una verdad muy sencilla, nosotros los adultos tampoco sabemos cómo hacerlo y mucho menos cómo enseñarlo. Creemos que la capacidad para poner atención es una facultad con la que nacen algunos niños afortunados. Lo que no sabemos es que responde a un proceso de maduración cerebral que puede ser, no solo aprendido, sino también reforzado.

El trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDHA) se ha considerado, según evidencia científica, el trastorno psicológico más frecuente en la infancia y un problema de Salud Pública en Colombia. Los niños con este diagnóstico son descritos como niños que se distraen fácilmente con estímulos irrelevantes y con un pobre desarrollo del control inhibitorio a la hora de comportarse, esto significa, impacientes, impulsivos e irritables. La mala noticia: el número de diagnósticos en las aulas ha aumentado considerablemente en la última década. La buena noticia: es posible prevenirlo, ¡podemos ENSEÑARLE a nuestros niños a concentrarse y controlar sus impulsos!

Sí, ENSEÑARLE con mayúscula, porque la atención es un músculo mental que se desarrolla y se fortalece a través de la práctica y la repetición, como cualquier otro músculo del cuerpo. Este músculo, por mucho tiempo subestimado, está cobrando un gran interés dentro de la psicología y la pedagogía. Y no es para menos, la atención es la capacidad mental que nos permite completar una tarea, aprender, razonar, entender lo que sentimos, por qué lo sentimos, y comprender las emociones de los demás para entablar relaciones. Es la encargada de regular nuestros pensamientos y sentimientos y, literalmente, conduce nuestra vida. Una verdad simple pero fundamental: la atención es el filtro con el cual percibimos el mundo. Tal y como afirma Yoda, “tu enfoque es tu realidad”. Vale toda la pena entonces educar a nuestros niños en entender y fortalecer su atención.

No podemos desconocer que hay algunos niños que están predispuestos genéticamente a tener una baja capacidad de atención. Existe un gen encargado de la maduración de las áreas cerebrales de la atención. La pregunta surge inevitablemente ¿Se nace desconcentrado? Y la respuesta, afortunadamente, es: depende del medio. Un gen puede permanecer dormido o activarse a partir de los estímulos del ambiente. ¡Hay esperanza! No estamos sentenciados por nuestra predisposición genética. Para el caso de la atención, podemos acelerar la actividad del gen, podemos agudizar nuestra concentración.

Hoy en día esta tarea resulta mucho más desafiante. Tenemos mil distractores, cada uno más atractivo que el otro, llamando nuestra atención. Seleccionar un foco equivale a inhibir cientos. Sin embargo, a pesar de los desafíos de la contemporaneidad la invitación es posible y necesaria: nuestros niños merecen desarrollar al máximo sus capacidades, nuestros niños merecen aprender a concentrarse y eso solo sucederá si, en lugar de exigirles, les enseñamos cómo hacerlo.

***