Los hijos adoptados: un pacto del cielo.

Actualizado: 24 de ago de 2019



Todo niño o niña adoptado deberá afrontar los problemas inherentes a su desarrollo, pero además, deberá afrontar todos los fantasmas del haber sido abandonado o rechazado por sus padres biológicos. La ruptura del vínculo que se formaría durante el embarazo puede llegar a afectar incluso las estructuras cerebrales de los bebés. Este escenario provoca un incremento de la ansiedad por separación, y la pregunta que siempre rondará será:¿En qué momento me volverán a abandonar? Dolor, rabia, culpa, vergüenza y una angustia profunda.

Emociones agravadas por el estigma social alrededor de la adopción, que colindan entre la curiosidad morbosa o el tabú. Al hijo adoptado no le queda mas remedio que reprimir sus sentimientos, lo que solo causa una “muerte psicologica” (Soll, 2000). Hace falta sensibilizarnos frente a la adopción y a la vez desmantelarla de tantos mitos y estigmas para normalizarla cada día más.

En la adopción se evidencia la reversibilidad del trauma (Kadushin, 1979). Ese concepto define la capacidad de sobreponerse y salir fortalecido de cualquier experiencia traumática, incluso si se trata de abandono o abuso infantil. Tal y como una flor de loto, que nace sin ser tocada por barro del que floreció, ser adoptado resulta altamente positivo en comparación a la vida dentro de una institución del estado. Las familias adoptantes o que quieren serlo son sin duda el milagro en la vida de esos niños y niñas, y merecen información, herramientas, apoyo social y que se hable de los logros y los retos reales de engendrar un hijo en el corazón. A ellos y su enorme valentía va hoy este artículo.

El hijo soñado versus el hijo real

La depresión post parto, bien conocida socialmente, responde al reajuste hormonal como consecuencia del parto. Sin embargo, existe otro tipo de depresión poco conocida y aceptada: la depresión post adopción. Existen dos factores que hacen este tipo de depresión sea rechazada socialmente, lo cual solo agrava la condición para los padres. La primera: No hay un factor neuroquímico que lo justifique, no hay desajuste hormonal en la madre recién parida, pues no hay tal. La segunda: Después de haber esperado tantos años por la adopción, no hay cabida para sentirse mal, la gente les diría “Si eso era lo que querían”. Las madres o padres adoptantes no les queda mas remedio que sufrir los síntomas en silencio, culpabilizándose. Si pudiéramos agrupar todos los factores que inducen a la depresión post adopción bajo una sola etiqueta sería: las expectativas.

Cuando hablamos del vínculo entre el hijo adoptado y sus nuevos padres nos enfocamos en el niño o niña. ¿Se podrá adaptar a la nueva dinámica familiar? ¿logrará desarrollar un apego seguro? ¿podrá sanar la relación con sus padres biológicos? Pero dejamos a un lado los sentimientos de la madre/padre y su proceso de vinculación.

El mayor mito que se construye frente a la adopción es la idea de que se sentirá un amor desbordado desde el primer encuentro con el bebé o niño. Y esto no sucede así, una relación no se construye instantánea y espontáneamente. Una relación requiere alrededor de dos a seis meses para que genere un vínculo fuerte. Meses de tiempo compartido llenos de intimidad, confidencia, juego y contacto. Meses de conocerse para amarse toda una vida.

Otras veces la llegada del hijo al hogar se asume como el final de un camino lleno de trabas legales y luchas burocráticas. Después de años de espera, de fantasear con el cómo será, de probarle al sistema su capacidad parental, por fin está aquí el tan anhelado hijo ¿Y ahora qué? Esperar tanto tiempo algo que de repente se cumple genera cierto sinsabor de no saber qué sigue. Por eso, la llegada del hijo no debe asumirse como un final, sino como un principio lleno de sorpresas y caminos qué descubrir. Y qué pasa cuando, sumado a esto, el niño o niña que llega al hogar es completamente diferente a lo que se imaginaban o querían para su vida. He aquí uno de los puntos cruciales para asumir la adopción: me libero del hijo soñado para darle la bienvenida al hijo real y sus necesidades reales.

La respuesta está en nosotros

En la adopción, y la parentaldiad en general, suplir las necesidades básicas como alimentación, salud, vivienda y educación no son garantía de haber hecho bien la labor. Ser padre biológico o adoptivo requiere esfuerzo, tiempo, dedicación y el deseo de hacerlo cada vez mejor. Los niños adoptados pueden llegar a traer secuelas emocionales o atrasos en su desarrollo físico o cognitivo. Cuál es la respuesta ¿No adoptar? La respuesta es, entender más, conocer mas, prepararse más, amar cada día más y mejor.

¿Qué factores hacen que la adaptación en la adopción se dificulte? EL primero se da cuando ambos miembros de la pareja no tienen el mismo deseo de adoptar o cuando uno de ellos es infértil e inconscientemente se le culpabiliza. Una pareja estéril debe resolver su posible frustración pues la adopción no puede ser una actuación que solo niegue la realidad de la infertilidad. Así mismo, la pareja fértil debe elaborar sus sentimientos frente a la pareja infértil, de lo contrario podría haber un resentimiento enmascarado.

La adopción no debería ser una forma de evitar o solucionar conflictos de pareja, tampoco debería verse como una moda o un acto filantrópico. En mi opinión personal, tampoco debería ser una alterativa cuando no quedo nada mas por hacer, debería ser un anhelo profundo, equiparable al de una mujer que sueña con quedar embarazada.

Un segundo factor que dificulta el proceso de adaptación es la falta de apoyo por parte de la familia o círculo cercano, sumado a la sensación de ser evaluados constantemente como padres (bien sea por la sociedad en general o por los sistemas de protección de menores). Las parejas que logran adaptarse adecuadamente a la adopción son parejas que se preparan para esta tarea y buscan asesoría externa, que logran encontrar modelos de parentalidad adoptiva como referentes, y piden ayuda de sus círculos de apoyo como familiares y amigos.

La verdad es mi bandera

No hace tanto tiempo las familias que adoptaban decidían ocultar toda información sobre la etapa pre-adoptiva y simulaban que los niños eran sus hijos biológicos. Hoy en día sabemos que este es un error que atenta contra la confianza y seguridad primordial de un individuo. Como argumenta el psicoanalista y pediatra Donald Winnicott, “ser engañado en una cuestión tan esencial a la propia existencia no se supera fácilmente”.

¿Qué hacer entonces? Izar la verdad alta como una bandera y recordar que conocer la propia historia es un derecho fundamental, sin importar el contexto o la edad. El niño o niña adoptado merece conocer sus orígenes, entender sus raíces para encararlas y sanarlas. La adopción hace parte de su historia y debe hablarse de ella desde siempre, no hay edad adecuada, ahora mismo es el momento. “Pasado que no ha sido amansado con palabras no es memoria, es asechanza” Laura Restrepo

Les damos voz y nombramos lo innombrable, le damos espacio al dolor, a la decepción o a lo que tenga que surgir. Las ansiedades básicas de un niño adoptado son: la idea de que el amor no perdura, el miedo a ser abandonado por su familia y la desconfianza ante el adulto. Para eso nos apropiamos del discurso y les permitimos contar su propia historia, no desde la victimización, sino desde el empoderamiento, permitiéndoles sentir. “Estos niños necesitan información, pero la información sola no basta. Necesitan además contar con una persona confiable, que se ponga de su lado en la búsqueda de la verdad y comprenda que tienen que experimentar la emoción propia de la verdadera situación” (Winnicot, 1998).

Uno de los retos más grandes, tanto para padres como para niños adoptados, es poder sanar la relación con la madre biológica. Existen casos en los que los niños o niñas sienten un profundo odio mezclado con un sentimiento de culpa y no merecimiento; existen otros casos en los que se da lo que se denomina El lazo imaginario. Cuando no hay memoria consciente de los padres biológicos éstos se tienden a idealizar y los niños pueden llegar a tener la fantasía de ser rescatados: Un anhelo de reencontrarse con sus ‘verdaderos’ padres que los están buscando.

Sea odio o esperanza, en ambos casos es la no elaboración lo que dificulta que se sane a los padres biológicos. Y dentro de esa no elaboración valdría la pena cuestionar cuál es la postura de los padres adoptivos frente a los padres biológicos de su hijo. ¿Cómo están narrando la historia del niño o niña? ¿En el discurso se evidencia gratitud o reproche hacia los padres biológicos? Como dice Mar Romera, los hijos son el eco más perfecto.

Un pacto del cielo

Alguna vez escuché a María Elvira Pombo, terapeuta angelical, una definición espiritual y energética de la adopción. Ella explicaba que la madre biológica de esos niños había sido el vehículo mediante el cual el alma había venido a la tierra a encontrarse con la mamá que estaba destinado a tener: la mamá adoptiva.

La madre biológica entonces había cumplido una difícil misión de encarnarlo en este plano para que la vida lo llevara finalmente en brazos de su madre adoptiva. Este había sido un pacto acordado mucho antes, un pacto del cielo, a los que todos habían accedido. Visto con esos ojos no hay mas que amor y agradecimiento por esas mujeres portadoras de un alma que encontraría, finalmente, su regreso a casa.

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