Ser Pilo de Corazón

Actualizado: 24 de ago de 2019



Muchas madres, padres e incluso colegas me preguntan ¿Qué es inteligencia emocional? ¿Por qué trabajas inteligencia emocional con los niños? Y yo solo me preguntó ¿Cómo empezó este camino de la mano de los niños? No me queda mas opción que empezar, naturalmente, por el comienzo. Inteligencia emocional es ser pilo, pero del corazón, y decidí trabajarlo en los niños porque un programa con el mismo nombre me abrió las puertas para hacerlo.

Pilos de Corazón: Escuela de Inteligencia Emocional es un programa fundado en el año 2012 en el que se trabaja fortalecimiento socioemocional con niños y niñas de los colegios públicos de Bogotá. Estos niños, todos con algún criterio de socio-vulnerabilidad (desplazamiento forzado, malnutrición, violencia intrafamiliar, consumo de sustancias, pérdida del año escolar, baja motivación académica, entre otros muchos) trabajan junto a humanistas (psicólogos, antropólogos, sociólogos) y artistas (músicos, actores, artistas plásticos) durante la Jornada Escolar Complementaria potenciando sus habilidades interpersonales e intrapersonales. En palabras simples y descriptivas: 30 niños y niñas rotulados ‘niños problema’ de un colegio público se reúnen después de clases en un salón para trabajar su mundo emocional. Un psicólogo + un artista + 30 niños * 4 meses trabajando inteligencia emocional a través de la lúdica y el arte = magia pura.

La esencia de este programa escapa a la palabra y a las cifras, como el equipo mismo explica en su Sistematización de experiencias[1] que ganó el Premio Santillana de Experiencias Educativas en el 2013. Los cambios generados en mas de 700 niños y adolescentes a través del juego y el arte son completamente inmensurables. Cada niño que hacía parte de este programa era un niño que invertida todos su tiempo libre en crecer, conocerse, entenderse, fortalecer vínculos y sanarse. Yo implementaba este programa en la Institución Educativa Distrital Francisco José de Caldas, y cada vez que veía un niño entrar por la puerta del salón pensaba: de no ser por este espacio este niño estaría en el barrio, tal vez en algún parque o tal vez solo en casa, completamente vulnerable a la vida de calle, a la droga, a las pandillas, a cualquier cosa. Para mí, cada niño que entraba a Pilos de Corazón era un niño menos en las calles, expuesto a todo y nutrido por nada.

Pero esta historia no tuvo un final feliz, el programa como había sido soñado se terminó en Diciembre de 2016, como tantas iniciativa en pro de la educación en este país. Financiado por la Caja de Compensación Familiar –CAFAM- el programa estaba supeditado a intereses netamente económicos y políticos. ¿La educación, el bienestar emocional, el impacto social, las familias que se están reconstruyendo, los corazones de los niños y niñas que se están sanando? Nada de eso importa si los indicadores no son altos. Cifras, cifras y más cifras. Números, resultados, eficiencia, para poder mostrar, para poder vender, para poder ganar… ¿y lo niños? ¿y la educación? ¿y la transformación social? 19 profesionales y el director-fundador del programa salen de CAFAM completamente desilusionados del sistema, pero con una convicción inquebrantable: “Solo un grupo de personas reflexivas y comprometidas pueden cambiar el mundo. De hecho, es la única forma en que se ha logrado” Margaret Mead. Nosotros somos y queremos seguir siendo esos 19 adultos, reflexivos y comprometidos con la educación del país mas allá de los obstáculos burocráticos y económicos que se interpongan. ¿Qué me enseñó Pilos de Corazón? Me enseñó la cruda realidad de nuestro régimen económico, desmanteló la cruda realidad de nuestro sistema laboral. Pero también me enseñó que para nutrir el sistema educativo es necesario empezar por la base, por el mundo emocional; que existe una alquimia perfecta entre juego y arte que abre las puertas más allá de la razón al corazón; que mas importante que ser pilo, es ser pilo pero del corazón.

Así empieza mi camino con la inteligencia emocional dentro de la educación en primera infancia. Pero a todas estas, qué es inteligencia emocional, por qué y para qué. Como explica la pedagoga Mar Romera, “La emoción decide, la razón justifica. No existe acción humana sin emoción que la provoque y la haga posible como acto”. Estamos hechos de emociones y éstas nos gobiernan, queramos o no. Es por eso que vale la pena reconocer, entender y digerir nuestro mundo emocional. Eso es lo que denominamos inteligencia emocional, nuestro grado de entendimiento e incidencia frente a esas pulsaciones inconscientes que nos llevan irremediablemente a la acción. Su etimología lo encierra todo, emoción viene del latin emotio, que significa movimiento, impulso, empujón.

El término Inteligencia emocional fue acuñado por Peter Salovey y John Mayer en 1990 como la habilidad para manejar emociones y sentimientos. Posteriormente llega Daniel Goleman y la define como la capacidad de sentir, entender, controlar y modificar estados de ánimo propios y ajenos. En suma, Inteligencia emocional se podría entender como la capacidad para escoger la emoción mas oportuna en determinado contexto y experimentarla en una intensidad justa. Ya mucho antes Aristóteles había esbozado lo que sería la pieza más importante del rompecabezas con su célebre cita: “Cualquiera puede enfadarse, eso es muy fácil. Pero enfadarse con la persona adecuada, en el grado exacto, en el momento oportuno, con el propósito justo y de la forma correcta, eso, ciertamente, no resulta tan fácil”.

Si la inteligencia emocional es poder entender las emociones, vale la pena retroceder un paso y preguntarse ¿Qué es una emoción? Es un conjunto de respuestas físicas, químicas y neuronales que conllevan a una respuesta cognitiva y comportamental. Estas reacciones fisiológicas pueden surgir frente a estímulos externos, como los sentidos, o frente a estímulos internos, como recuerdos o imaginación. Una emoción es entonces una respuesta automática y pasajera, que ciertamente está fuera de nuestro control ¿Es lo mismo que un sentimiento? NO. La emoción surge de manera rápida, espontánea y automática, fluctuando durante el día, mientras que los sentimientos son estado internos prolongados. Un sentimiento se puede entender como la parte consciente de la emoción. Los sentimientos son internos, intensos y duraderos, y en esa medida, un sentimiento puede estar compuesto por la repetición de emociones. Están correlacionados, sí, pero no son lo mismo.

En el 2015 se estrena la película animada Inside Out (Intensamente) y niños y adultos se percatan que existen diferentes tipos de emociones. Esta clasificación se remonta a 1972, cuando Paul Ekman decidió clasificar las emociones en seis básicas: alegría, tristeza, ira, miedo, sorpresa y asco. ¿Pero qué tiene que ver la inteligencia emocional con la educación en la primera infancia? ¿Por qué enseñábamos inteligencia emocional en Pilos de Corazón cuando nuestros niños y jóvenes tenían problemas conductuales, cuando les iba mal académicamente, cuando eran agresivos, impulsivos o simplemente no estaban motivados para aprender? La respuesta es simple: Porque se ha comprobado científicamente que altos niveles de inteligencia emocional tienen incidencia directa en un buen desempeño académico, en buenas relaciones con pares y en permanencia en la escuela. Solo cuando un estudiante está tranquilo, se siente seguro y su mundo emocional está en orden puede aprender. La inteligencia emocional ha demostrado disminuir las expulsiones en la escuela, la agresión y comportamientos antisociales. La inteligencia emocional es la base para poder navegar este mundo.

Nuestra tarea como educadores, como padres, o simplemente como adultos está en nutrir nuestro mundo interior para hacernos cada vez mas inteligentes en el ámbito emocional y poder enseñarle a nuestros niños a conectar con lo que sienten, ponerle un nombre, entenderlo y buscar, dentro de un repertorio de posibilidades, la acción mas oportuna para reaccionar. Creemos mayor consciencia de los estado de ánimo interiores, las intenciones, motivaciones y deseos detrás de cada comportamiento. Ese será el aliciente que determine nuestra capacidad de autodisciplina, auto comprensión y autoestima. Enseñemos a nuestros hijos a acceder a su corazón para comprenderse a sí mismo y tener claridad sobre las razones que llevan a reaccionar de un modo u otro. La inteligencia emocional es la que logrará llevar armonía a nuestros hogares, cooperación a nuestros salones de clase, cortesía a nuestras calles, tolerancia a nuestros estadios de futbol, paz a nuestras guerras internas y paz a nuestras guerras externas, allá lejos en los montes o acá cerquita en los barrios donde ahora pasan las tardes mis niños del programa Pilos de Corazón.

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[1] Ver PDF EN: http://www.premiosantillana.com.co/pdf/1_pilos_de_corazon_escuela_de_inteligencia_emocional.pdf