Educar con amor o educar con miedo

Actualizado: 24 de ago de 2019



Va una madre con su hijo en un avión y pasa lo inevitable, una falla mecánica, el avión va en picada y se despresuriza la cabina. Las mascaras de oxigeno caen del panel superior y la madre decide ignorar las instrucciones de seguridad. Lo primero es mi hijo, debo atender primero sus necesidades, no importa cómo este yo, él es lo primero. Estas afirmaciones suenan completamente validas, pero veamos lo que pasa: el avión sigue en picada y el oxigeno cada vez es menos, la madre auxilia al niño, se dispone para acomodarle la máscara pero sus cerebro empieza a sufrir las consecuencias, las células mueren rápidamente. Infarto cerebral a causa de la falta de oxigeno, la madre queda inconsciente, el niño desprotegido. Ambos mueren.

Esta cruda imagen podría parecer incluso fatalista pero es real. Los adultos deben ajustar sus máscara antes de ayudar a los niños. Como en el avión en la vida: los adultos deben primero estar completamente regulados antes de pretender educar/enseñar/corregir/auxiliar a un niño. Y la única manera de regularnos es tomando consciencia de nuestros propios procesos mentales para entender cómo reaccionamos, cómo aprendemos y cómo enseñamos. Primero regulo mi propio comportamiento antes de querer cambiar el comportamiento de mi hijo o hija. Desde esta postura parte el programa que quiero compartirles en el artículo de hoy: Counsicous Discipline o Disciplina Consciente desarrollado por Becky Bailey.

¿Cómo se modifica la conducta? Haciéndome consciente de los procesos internos que me llevan a actuar de determinado modo. Sin la consciencia de nuestros propio estado interno es imposible el cambio. Debo integrar todo mi ser. “People change and develop through becoming fully aware” Mackewn. ¿Y qué es la consciencia? No es la recepción pasiva de la información del medio, sino una construcción activa de modelos mentales.


La terapeuta Gestalt Violet Oaklander afirma que como adultos perdemos nuestra plena capacidad para conectarnos con nuestros cinco sentidos y operamos de manera desligada y automática. Vivimos automatizados, reaccionando de acuerdo a un esquema fijo de suposiciones, sin darnos cuenta de lo que realmente está pasando con nuestro cuerpo y nuestras emociones. Necesitamos entrenarnos en nuestra capacidad para estar presentes, sintiendo y viviendo plenamente: Mindfulness. Goleman explica que la atención enfocada inhibe los hábitos mentales inconscientes, y la única manera como podemos enseñar a nuestros niños nuevos patrones es si nosotros salimos de los nuestros.

A mis cuatro años hacía algo que ahora me resulta incomprensible, pero que en ese momento era mi recurso para comunicarme. Era dañina. Hacia todo tipo de daños, intencionados y premeditados. Cogía todas y cada una de las elegantes y frágiles bolas del árbol de navidad de mi casa y las estallaba con todas mis fuerzas contra el suelo. Me encerraba en el baño y vaciaba por el inodoro todos los elegantes jabones, cremas de manos y cuanto tarro mi mamá ponía para adornar. No lo disfrutaba, incluso era completamente consciente que una vez terminara mi misión vendría la peor parte, y corría a esconderme, llorando mientras esperaba el irremediable castigo.


Las conductas finalmente desaparecieron, el árbol de navidad se empezó a decorar de la mitad hacia arriba, las cremas de manos se sustituyeron por tarros con tapas de seguridad, gritos y palmadas me ‘enseñaron’ que eso no se hacia. Pero a veces cuando pienso en mi niñez me pregunto ¿por qué una niña de 4 años optaba por hacer eso? Ciertamente no se, pero me habría gustado saberlo. Incluso hoy, 22 años después, con dos pregrados, especializaciones y cuanto curso existe en infancia y adolescencia no se, y ya no lo sabré. El momento era ese, la oportunidad perfecta de crecimiento, de aprendizaje, de desenmascarar la intención detrás de esa conducta ya pasó. Las bolas de navidad y las cremas hoy ya no existen, y solo me queda la sensación que no habría estado de más mirar a los ojos a esa niña y preguntarle: ¿cómo estás? ¿qué necesitas? ¿cómo te estás sintiendo? ¿en qué puedo ayudarte?

“Nuestros abuelos no leyeron sobre educación, nuestros padres tampoco, nosotros sí, pero no se si realmente lo estemos haciendo mejor” Mar Romera. Crecimos con un legado en la educación y es nuestro momento para deconstruirlo. La educación del siglo XXI nos invita a educar con consciencia y no solo con consecuencias, como me educaron a mí. Buscamos que nuestros niños entiendan sus propios motivos y los de los demás para que sean capaces de elegir. Que cada vez tengan un mayor grado de decisión sobre sus reacciones, poderosos para asumir las consecuencias naturales de todo lo que hacen. La invitación hoy es a no utiliza la manipulación, la fuerza o el chantaje para producir un cambio o determinado resultado, por el contrario, buscamos un proceso de aprendizaje donde la toma de consciencia es el mayor insumo. La metodología de la Disciplina Consciente integra el aprendizaje socio emocional con la disciplina para lograr la autorregulación desde una visión comprensiva, donde prime la seguridad, la conexión y la resolución de conflictos. De esta manera, nos olvidamos de los castigos, del merecimiento, de la gratificación externa. De esta manera, optamos por educar con amor y no con miedo.

Según la Disciplina Consciente el crecimiento debe venir primero del adulto, para lograr ser transferido al niño o niña. Mi estado interno no solo dicta mi comportamiento, sino también dicta el estado interno de mi hijo. De esta manera, el adulto debe resignificar su relación con el conflicto, para convertirlo en un momento productivo y no reactivo. El grito, la palmada, e incluso el insulto o la exclamación humillante es la tendencia natural, es la reacción automática cuando no logramos parar, respirar, conectar con nuestra propia frustración y regularnos como padres. Gracias a la autoconsciencia y la autorregulación logramos tener auto control, logramos escoger cómo quiero responder ante la situación. La clave: la respiración y la presencia mental.

Todo conflicto contiene en su interior la semilla de enseñanza, pero para eso los adultos debemos tomar control sobre nosotros mismos y escoger. Escoger el significado que queremos darle a cada situación, escoger las palabras, escoger la forma como queremos transmitir esas palabras, siempre escoger. No hay recetas, no hay manual, cada situación es única, cada niños es único, pero sí existen ciertas recomendaciones que pueden aligerar el camino.

1. Anticipar

Es importante que nuestros niños se preparen para las transiciones o cambios que deberán tener en el día. Aunque para los adultos resulta muy sencillo cambiar de actividad, decir adiós, devolver materiales, para los niños ciertamente resulta una tarea muy compleja, pues viven plenamente en el aquí y ahora. Decirle a un niño que no llore pues mañana regresará al parque resulta incomprensible para él, mañana puede ser una eternidad. Por su desarrollo cognitivo es difícil que se proyecte en el futuro y dejar el parque puede resultar una verdadera pérdida. Por eso es recomendable que lo anticipemos diciéndole ANTES de llegar al parque y recordándole varias veces: “Recuerda que vamos a ir al parque, pero solo será por un tiempo corto. Cuando te avise le diremos adiós al parque y volveremos otro día”.

2. Dar opciones

En muchas ocasiones como padres debemos sortear situaciones que no son negociables. No es negociable que desayunen, no es negociable que se bañen, no es negociable que se pongan el saco para salir si hace frío. Sin embargo, es muy diferente si dentro de esa decisión no negociable les damos opciones para que ellos se sientan participes. En ese caso le podemos decir por ejemplo: “no es negociable que desayunes, pero puedes escoger si quieres desayunar huevos o fruta”, o “no es negociable que te abrigues, pero puedes escoger si quieres ponerte tu saco azul o un impermeable morado” o “no es negociable que te bañes, pero puedes escoger si quieres irte al baño saltando como rana o saltando como canguro”. La sensación de estar eligiendo cambia completamente el panorama, eliminando la imposición y dandole lugar a la validación y a la autonomía.

3. Conectar con mi propio estado interno

Es importante recordar que mi propio estado interno dicta el estado interno de mis hijos. Cómo estoy YO ante una situación difícil (bien sea un ataque de llanto, una pataleta, un daño, etc). Cómo me siento justo antes de hablar con mi hijo (siento rabia, angustia, desespero, frustración, impotencia). Primero debo regularme para entender desde dónde estoy corrigiendo, desde qué lugar me estoy relacionando con él o ella. Identifico sin juicio cómo estoy, me tranquilizo y me recuerdo que puedo manejar la situación con tranquilidad, convirtiéndola en una oportunidad de crecimiento mutuo.

-Me detengo, respiro, hago un escaneo corporal en donde conecto con mi cuerpo, con mis emociones e identifico cómo me estoy sintiendo.

-Me repito: Yo puedo manejar esto.

4. Me conecto con el niño o niña

¿Porque es importante el vínculo en la corrección? Según los pilares de la Disiplina Consciente: “Once connection is made, the biochemistry of the child and the neurological functioning of the child’s brain can become more aligned to support self-regulation. Once self-regulation is established, the child is free to use developmental energy for academic and social success”. De esta manera, busco la conexión porque esa es la manera como puedo ayudar a mi hijo a salir de su cerebro reptil a su lóbulo prefrontal, donde será capaz de analizar y verbalizar su conducta. El vínculo es el que abre la puerta al mundo emocional para poner en palabras las necesidades que lo llevaron a actuar de ese modo y no otro.

  1. Me agacho para quedar a su mismo nivel. NUNCA hablamos con nuestros niños de pie, pues esto genera demasiada distancia, queremos quedar a su misma altura.

  2. Establezco contacto físico a través del tacto, bien sea cogiéndolo de las manos o acariciando su espalda.

  3. Busco contacto visual diciéndole: “Noto que tus manos están ASI”. Es importante utilizar al palabra “ASI” y demostrarle con nuestro cuerpo cómo están sus manos. Esta es la invitación perfecta a que el niño nos mire. Cuando un chiquito está en el piso llorando y no se logra calmar es muy difícil que haga contacto visual. Su cerebro está en modo supervivencia y le será difícil mirarnos. Frases como “mírame que te estoy hablando” son una prueba que como adultos no entendemos lo que sucede en ese momento. Por eso DESCRIBIR cómo está su cuerpo le permite ir generando consciencia de sí mismo. De esta manera, si el niño está en el suelo llorando yo sigo todos los pasos anteriores y luego le digo: “noto que su puños están así…” (y hago la mímica) ¿Así cómo?, se preguntará el niño y nos mirará para descubrirlo.

  4. Describimos cómo está, siempre utilizando la palabra NOTO al inicio. Porque no queremos generar sentencias, no queremos rotular, ni buscamos la verdad absoluta, no sabemos cómo está, pero sí podemos NOTAR que su cuerpo está de determinada manera, por ejemplo: noto que tu cara está contraída, noto que tus ojos están apagados, noto que tus puños están cerrados…etc.

  5. Agrego una intencionalidad POSITIVA a la conducta que el niño acaba de hacer, incluso cuando no sepa su intencionalidad, me la invento haciendo una lectura del contexto. Puede que nos equivoquemos y esa no sea la razón real detrás de la conducta, pero por lo menos le estamos dando a nuestros niños la posibilidad de asociar sus acciones a una intención.“Se que estás emocionado y por eso te dan ganas de morder” “Se que quieres jugar con ese otro niño y le pegaste para llamar su atención” “Se que quisieras mostrarle tu amor a mamá y por eso le pegaste”.

  6. Acompaño, mostrándole otra salida, otra manera de hacer las cosas, o cumpliendo la tarea que se le pide. “Comprendo cómo te sientes y sé que es difícil para ti, pero te voy a ayudar, estoy aquí para ti, vamos a pedir perdón, vamos a salir del parque, vamos a devolver el juguete, etc”.

Recordemos siempre, los límites no deben estar pensados para facilitarnos la vida como adultos, sino para ayudarles a crecer y construir la vida a nuestros niños. Quiero responder a las necesidades del niño, por eso quiero enseñarle a resolver el conflicto, y no únicamente a eliminar la conducta que a mí como adulto me resulta inconveniente. Para eso tomaré consciencia de cómo estoy yo antes de proceder a corregir, para eso sustituiré el miedo y las consecuencias por el amor y la conciencia.