Tus diferencias son el complemento que necesita el mundo (autoimagen y autoestima infantil)

Actualizado: 29 de nov de 2019



Autoestima, autoeficacia, autoconcepto y autoimagen. Todos estos auto-algo se han desdibujado como constructos psicológicos. Han caído en el cliché popular y se han utilizado arbitrariamente, desde todo tipo de posturas, para validarlo todo y nada. ¿Qué es autoestima? ¿Cómo se refuerza durante el desarrollo infantil? Aterrizando estas dos preguntas en el artículo de hoy y de la próxima semana los invito a verlo desde una postura mas intuitiva, mas holística y mas espiritual.

Hablaré aquí de mi propia experiencia, de los recursos que los mismos niños y niñas que he tenido la oportunidad de tener en sesión me han revelado. El material compartido no es más que el resultado de un camino recorrido con paciencia de la mano de cada niño que alguna vez me miró aterrado y me confesó que se sentía feo: muy alto, muy bajo, muy gordo o muy flaco, que sentía que los otros eran más populares, mas inteligentes, mas talentosos. O simplemente, que se sentía diferente.

Llevo años de práctica, de cursos, seminarios, meditaciones, de lágrimas y oraciones tratando de deconstruir todo lo que de niña me enseñaron. Años tratando de verme al espejo y reconocerme mas allá de la forma, sabiéndome entera, completa y perfecta. Viendo este cuerpo mío con humildad y honor, recordando que este cuerpo del que me siento tan dueña no soy yo.

Desaprendiendo toda las ideas bien-intencionadas pero dañinas que abuelas, tías, y mi mamá me repetían:

"Tienes que ser la niña más bonita, tienes que estar siempre bien arreglada, bien peinada, bien vestida. A nadie le gustan las niñas feas. Ser vanidosa es muy importante". “El que quiere marrones aguanta tirones”. Ese refrán era el parloteo diario cuando mi mamá me peinaba. ¿Tengo que sufrir para ser bonita? ¿Tengo que esforzarme para ser bonita? ¿ESO QUEIRE DECIR QUE NO LO SOY? ¡Qué idea tan aterradora!

Cuidado padres y madres: hay una gran diferencia entre vanidad y autocuidado. Hay una gran diferencia entre autoestima y narcisismo. Hay una gran diferencia entre reforzar las cualidades de nuestros hijos y volverlos inseguros al poner toda esta presión en su imagen y en la gratificación externa. Sí, ese es el otro gran tema, LA GRATIFICACIÓN EXTERNA. Este es un aprendizaje que les confieso hice hace muy poco, cuando empecé a sumergirme en la psicología infantil.

Estamos tan acostumbrados a pensar que si le repito incesantemente a mi hijo lo bueno, hermoso, talentoso e inteligente que es, de alguna manera, estoy reforzando su autoestima. La verdad es que NO. Al hablar con los niños no debemos utilizar el verbo SER. Yo nunca debo decir: eres el mejor o eres el mas hermoso. Porque cuando alguien les diga lo contrario (y créanme, se lo dirán) entonces vivirán una gran frustración y no podrán aceptarlo.


“El verbo ser ejecuta sentencias sobre el autoconcepto en construcción de la infancia. Y <lo que es> ya no puede cambiarse” Mar Romera. ¿Cómo nos comunicarnos entonces? Cambiando ¡ERES la mas hermosa! por ¡Para tu mamá, hoy estás hermosa!. “El verbo ser para calificar un estado emocional temporal, se convierte en una fuerte afirmación despectiva y crítica, que va calando y negativizando la autoimagen y el autoconcepto del niño” Maria Eugenia Pérez.

Qué debo responder cuando un niño me dice, ¿Te gusta el dibujo que hice? ¿Lo estoy haciendo bien? ¿Hice un buen trabajo? ¿Me veo lindo/linda? Como padres y educadores queremos saltar a abrazarlos y decirles que son los mejores pintores del mundo, que nunca habíamos visto una postura tan bien hecha, que nunca habíamos visto una tarea tan perfecta ni un niño o niña tan hermoso. Pero en ese momento nos detenemos, respiramos y respondemos con otra pregunta: ¿Qué te parece A TI? ¡BUM! ¡Magia! Todo nuestro sistema de percepción cambia, toda nuestra realidad se configura desde otra posibilidad, desde la posibilidad de aceptarme y amarme YO MISMO, sin esperar la validación de los demás.


Entonces le preguntamos a nuestros niños ¿Diste lo mejor de ti? ¿Crees que hiciste tu mayor esfuerzo? ¿Tú estás contento con el resultado? ¿Tú te sientes bien con ese vestido/peinado/o lo que sea? La respuesta siempre debe ser: SI TÚ ESTÁS SATISFECHO, SI A TI TE GUSTA, ENTONCES A MI ME GUSTA. PORQUE LO MAS IMPORTANTE ES QUE TE GUSTE A TI.

Que esa se convierta en nuestra bandera, que les regresemos a nuestros niños su poder personal, haciéndolos críticos frente a sus propios progresos. Para que el día que alguien más critique su trabajo o su apariencia no se derrumben, para que no se conviertan en adultos perfeccionistas, inflexibles que nunca se sienten satisfechos con lo que hacen y sufren comparándose con los demás; adultos que siempre buscan gratificación externa. Un día una madre, además experta en educación emocional, me compartió un ejemplo muy claro, me dijo:

“Mi hijo de 9 años acababa de terminar su tarea de matemáticas, se me acerca y me muestra el cuaderno preguntándome ¿Qué te parece mami? Yo solo veo una cantidad de tachones, números mal hechos, cifras fuera de las líneas, desastre total. En mi mente solo apareció una palabra: mediocridad. Quería decirle que era la peor tarea que yo había visto, que se sentara y rehiciera todo, que no se había esforzado y que eso estaba horrible. Quería regañarlo. Por lo menos eso era lo que mis padres hubieran hecho conmigo. Pero respire, me contuve y le pregunte: ¿Tú estás satisfecho con el resultado? ¿Crees que diste lo mejor de ti? Se quedó pensativo mirando la tarea, luego me dijo: Sí, a mí me gusta, aunque podría haber hecho con mas cuidado los números, ¿sabes qué mami? creo que mejor los voy a repetir”. El poder está en él. Él mismo es capaz de evaluar su trabajo, sin ser indulgente pero tampoco su propio verdugo"

Si la directividad durante toda su vida es la constante que marca el ritmo, será difícil elegir cuando le toque” Mar Romera.

No podemos elegir la vida por ellos, proyectar nuestras expectativas, nuestros gustos. Peor aún: lo que no fuimos o no somos. Como adultos hacemos comparaciones, afirmaciones o sentencias que creemos que pasarán desapercibidas, que ni las escucharon y ciertamente, la verdad, pueden marcar la vida de un niño y ser un fantasma el resto de la existencia.

Algunos padres alientan la mejora de sus hijos comparándolos con hermanos, primos, vecinos. Esto solo causa heridas emocionales profundas. En la vida adulta desaparece la genialidad cuando nos homogenizamos y así aparece la mediocridad. Picasso fue Picasso porque se salió del esquema, aceptó la genialidad, la diferencia, no quiso ser igual. “Cada persona puede descubrir su genialidad si sus referentes no le obligan a olvidar sus diferencias para hacerse normal. Esto es un proceso de construcción del autoconcepto” Mar Romera.

Para ser bueno en algo hay que ser diferente. Cada niño es único y maravilloso por que es. No hay cabida a comparaciones. Abracemos y démosle espacio a la individualidad: en un equipo de futbol de 11 jugadores no hay 11 porteros, ni 11 defensas, ni 11 delanteros. Si fueran iguales en sus habilidades el equipo sería un desastre. Démosle la bienvenida a la belleza y la luz que habita en cada niño, no caigamos en los patrones impuestos socialmente ni reforcemos tanta inseguridad ni tanta identificación con el cuerpo, con la apariencia, con los resultados. La diferencia es el complemento que necesita el mundo. Tú eres la diferencia que necesita el mundo.

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Artículo segunda parte: Ejercicios y metáforas para reforzar autoestima y abrazar la diferencia en niños y niñas.