Un niño inmigrante sigue siendo un niño

Actualizado: 24 de ago de 2019



Un debate de nunca acabar: la crianza es un asunto privado, que sucede silenciosamente en los confines del hogar, o es asunto público, al que como ciudadanos debemos someternos. Es cierto que como padres somos libres de elegir qué y cómo educar. Pero esa libertad está condicionada, no es infinita y tiene un precio. Un precio a veces sumamente alto. No importa cuantos artículos nos empeñemos en escribir, no importa cuantos talleres y seminarios compartamos con las madres y padres, no importan las mejores intenciones y esfuerzos individuales si operamos bajo una política que suprime la familia y menosprecia la crianza.

No puedo escribir sino de aquello que me toca el alma, de las historias que he vivido, de lo que he compartido y escuchado, de lo que se y entiendo. No puedo hablar sino de lo que siento en la piel. Y hoy quiero hablar de Estados Unidos. Porque es aquí donde estoy viviendo actualmente, porque no puedo ser ciega a esta realidad, porque hoy en este artículo quiero ser un megáfono que le de voz a tantas familias. Porque quiero que esto lo sepa Colombia y el planeta entero. Porque hoy quiero rendirle homenaje a esa cualidad que nos hace ciudadanos del mundo. Hoy quiero olvidarme de las fronteras y contarles esta historia como si me estuviera pasando a mí, en mi país, o a ti en el tuyo.

Un salón de jardín infantil en Estados Unidos, diez estudiantes, todos regresan a sus amorosas casas después de clase. Exactamente la mitad de ellos regresa a su casa de inmigrantes. Así es, de los diez, cinco son hijos de inmigrantes. Cinco que viven con la angustia de pensar que pueden quitarles a sus padres; cinco que viven el estigma de no pertenecer al país; cinco que son considerados una invasión de la que hay que deshacerse. Yo solo veo diez niños, igual de inocentes, igual de ingeniosos, igual de amorosos. Diez, solo diez. La política Cero tolerancia se hizo efectiva el 5 de mayo de 2018 y para el 20 de junio el presidente Trump dio luz verde a la separación de familias inmigrantes. Durante ese intervalo, 51 niños fueron separados diariamente, eso es, mas de dos niños cada hora. (Para mayor información ir a: https://www.wola.org/analysis/national-shame-trump-administrations-separation-detention-migrant-families/).

La separación de familias ocurrió pocas veces en la presidencia de Obama, a diferencia del mandato de Trump, donde se sentenció como medida reguladora. ¿Por qué hacer algo tan supremamente atroz? Oficiales de la administración de Trump dijeron explícitamente que buscaban que futuras familias inmigrantes se abstuvieran de entrar al país de manera ilegal. El dolor, el miedo, el trauma y el futuro de niños inocentes está siendo el medio político para reprender y castigar. Hasta ahora más de 2.500 niños han sido separados de sus familias y llevados a centros de protección, orfanatos, regulados por la ORR (Office of Refugee Resettlement). Estos lugares son conocidos por los inmigrantes como ‘la perrera’, por sus alambrados donde los niños son separados por edad, esperando a que se resuelva su situación legal. En promedio estos niños pasan 57 días mientras son reacomodados, bien sea con algún familiar en Estados Unidos o regresando al país de origen de sus padres. 57 días donde se va destruyendo, día a día, la niñez y la inocencia de lo que conocían como un mundo justo y seguro.

Esta no es la primera vez que en la historia se utiliza la separación familiar como medida política. Esta ha sido una medida común para manipular los individuos. ¿por qué? Porque el vínculo es un enemigo atroz del sistema. Según explica el psicólogo Ramón Soler, una relación basada en un vínculo fuerte y seguro con la madre es un gran obstáculo contra sistemas que buscan fomentar la guerra y crear soldados manipulables. En Esparta se apartaba a los niños de las madres para recluirlos en instituciones militares, ellos sabían, cuanto antes mejor.

Incluso las nodrizas, mujeres encargadas de amamantar a los hijos de la nobleza, cumplían un rol similar. Se les pagaba por lactar y educar a los descendientes de estas familias pues las madres no querían atravesar el desgaste de dicha tarea. La excusa era que la madre iba a sufrir envejecimiento prematuro al lactar. Eso era lo que decían escondiendo los intereses políticos de fondo. Una ley en Esparta demuestra lo anterior: el primer hijo varón del rey debería ser amamantado por su madre, la reina. Condición necesaria para que fuera un heredero digno. Si lo amamantaba una nodriza perdería el reino. ¿Por qué creen? No es capricho o coincidencia, ellos entendían el poder infinito del vínculo en el carácter de los individuos. Temesis, el hijo menor, fue quien heredó el reino de Esparta. ¿Qué paso con el primer descendiente del rey? Fue amamantado por una nodriza.

La promesa de campaña del presidente Trump fue deportar únicamente inmigrantes con antecedentes criminales, ahora, como si todo inmigrante fuera un posible criminal, la persecución es déspota y general. Las familias se están desintegrando y estos miles de niños están siendo privados de un sano desarrollo. Incluso maestros en los colegios han reportado cómo la retórica de Trump se está replicando entre los mismos niños en los salones de clase para intimidar y denigrar. Y el foco de atención se ha puesto intencionalmente sobre las mujeres. Son ellas las supuestas únicas responsables de la crianza de los niños, y por ende, de la moralidad de la sociedad. Pero el foco solo busca distraer para no ponerlo sobre los dirigentes y sus políticas que son negligentes frente a la crianza, frente al vínculo, frente a la familia y la VIDA.