Mamá, Papá tengo algo que decir

Actualizado: 24 de ago de 2019



“No es importante lo que digo, es importante lo que entiendes. Entre estos dos procesos está la escucha”

La verdad es que entre adultos escuchamos para refutar, para contradecir, para dominar. Escuchamos a medias mientras nos ideamos un argumento mas refinado, que nos asegure el triunfo de la batalla. El fin es deplorable, pero por lo menos hay algún tipo de escucha. Entre adultos y niños ni siquiera eso. Nada garantiza la escucha. No importa la petición, reclamo, necesidad… un aire condescendiente y una mirada de “Tan tierno el niño cuando habla” acalla todo mensaje y asfixia toda voz. Nuestros niños están acostumbrados a ser admirados, pero nunca tomados enserio. ¿El resultado? Un niño o niña silenciado a quien no le queda mas remedio que hacerse oír de otra manera. La pataleta, el llanto, el capricho, los daños, el rechazo de comida, los golpes. “El niño que dice ¡basta! Lo hace con urgencia, con prisa, casi con avidez: él es niño por poco tiempo y en ese poco tiempo le resulta imprescindible hacer lo necesario para su desarrollo” Francesco Tonucci. El niño buscará la manera de hacerse oír, y mientras tanto el adulto seguirá ignorando.

“Eres muy pequeño para hablar de esas cosas”, “Cuando crezcas vas a poder saber”, “Tú no sabes nada de la vida” “No vale la pena explicarle porque no va a entender”. Existe el deplorable mito de que los niños no saben, no sienten y no entienden. Los adultos los tratan como seres frágiles, incompletos, llenos de necesidades que no están a la altura de los adultos y sus complejas mentes. Muchos adultos se empeñan en ocultar información a sus hijos, se les habla con eufemismos, se les esconde la verdad, se habla tras sus espaldas, se decide y planea por ellos, nadie se detiene a escucharlos. Y cuando tienen algo que contar: el noticiero, el celular, el computador de fondo y un par de miradas de reojo seguidas de un: “Hum”, es todo lo que reciben. “La escucha necesita ganas, actitud y sobretodo tiempo. La escucha no juzga, la escucha ama” Mar Romera.

Nuestros niños necesitan ser escuchados desde la plataforma emocional de la admiración y seguridad. No importa de qué nos están hablando, todos nuestros sentidos deben estar puestos ahí, en ellos, en su historia. Nos agachamos para hacer contacto visual y quedar a su altura, y con completa presencia y apertura escuchamos su maravilloso relato, su idea, su sueño. ¿Y si realmente no es un buen momento? Se le explica con honestidad. “En este momento no podré escucharte con toda la atención que te mereces, entonces te voy a pedir que me cuentes después”. El pedagogo Francesco Tonucci explica que un niño se expresará en la medida en que el adulto se disponga a escuchar y comprender, dando valor a cada palabra y leyendo los mensajes mas allá de lo dicho. En la escucha el adulto debe colocarse de su lado, estar dispuestos a defender sus posiciones y sus requerimientos. Darles la palabra y escucharlos sin condiciones, sin prisa, sin juicio, sin amenazas a equivocarse.

El tiempo de los niños es administrado por los adultos y a ellos no les queda ni voz ni voto. Solo les permitimos participar en la ejecución del proyecto: el colegio, las vacaciones, las extracurriculares, hasta la ropa. Pero no los hacemos participes en la escogencia o la planificación. No se sienten parte de aquello a lo que son sometidos, y esto aumenta la posibilidad de desinterés y deserción. Como padres debemos recordar que “nuestros hijos e hijas son nuestro proyecto, pero nuestros proyectos no son los suyos y la clave de la educación está en respetarlos” Mar Romera. No debemos obligarlos a ver desde nuestro ojos y desde nuestra experiencia. Mucho menos debemos ignorar sus gustos, necesidades y opiniones. Su aporte es valioso y necesario, tanto en las decisiones de familia como en las decisiones individuales. “Escuchar significa tener necesidad de la contribución del otro” Tonucci. Empecemos entonces a necesitar a nuestros niños, necesitar su consejo, sus opiniones, sus ideas. Dejemos de verlos como adultos en potencia y empecemos a verlos como los niños que son, llenos de valioso aporte y capaces de alzar su voz sin miedo para decidir.

La escucha es un habito que debe ser entrenado, tanto en el adulto como en el niño. Muchos niños se perciben como el centro del universo y consideran que deben ser escuchados todo el tiempo, sin que ellos tengan que escuchar a nadie más. Esto es dictadura infantil. Debemos enseñarles a escuchar a sus pares, respirar y esperar un mejor momento para compartir; a guardar silencio en la biblioteca o la iglesia; a no interrumpir cuando alguien mas está hablando. Un niño que es escuchado en casa facilmente se regulará cuando le llegue la hora de escuchar. Pero no hay mejor aprendizaje que el que es modelado por el adulto. Cultivemos su escucha cultivando nosotros la nuestra. ¿Cuándo fue la última vez que escuchaste con todos tus sentidos y mirándolo a los ojos una historia que tenía para contarte? ¿Cuándo fue la ultima vez que le pediste su aporte para algún proyecto o decisión familiar?

¿Y ellos nos escuchan? Los niños lo saben todo, y escuchan aun cuando no están escuchando. “El no se va a dar cuenta”, dicen muchos padres, subestimando el poder perceptivo de nuestros niños, creyendo que pueden mentirles. Los niños tienen una antena con alta potencia para percibir todo lo que estás sintiendo. Son seres sutiles con una alta sensibilidad. La honestidad deberá ser una bandera en el hogar, las conversaciones deberán ser inclusivas siempre que el niño este presente. Cuando hay una verdad no dicha se crea neurosis, ellos merecen claridad y respeto. Lo he visto todo: familias que hablan en un segundo idioma que el niño no sabe para lograr esconderle información, familias que esconden la muerte de una mascota porque aseguran que el niño no va a entender, padres que se niegan a responder preguntas que les resultan incomodas o dolorosas, simplemente porque “está muy pequeño”. No hay tal. El lenguaje es infinito para lograr comunicar con amor y tacto lo que se necesite comunicar, pero la mentira u omisión nunca será un recurso valido.

La voz es vibración. Es importante que como padres no solo se pregunten qué están comunicando, sino también cómo lo están comunicando. ¿Cómo vibras y con qué impacto? Como adultos hemos perdido la sensibilidad y cada vez alzamos mas el volumen de la voz. Sobretodo los educadores han olvidado el poder de hablar en susurro y la importancia de bajar la voz y hablar neutral. Según Yogi Bhajan, cuando hablamos en tono bajo no irrumpimos con el aura del niño. Modular con la voz nos asegura la atención de nuestros niños y el susurro nos permitirá su escucha plena. De hoy en adelante imagina que con tu voz quisieras acariciar a tu hijo/hija o grupo de estudiantes.

Si me preguntan qué es un niño respondería con una cita de la línea pedagógica Reggio Emilia:" Es el sujeto que educamos, pero que en realidad nos educa”. Nuestros niños son seres completos y altamente sabios que entienden y disciernen con igual avidez que un adulto. Están sintonizados con todo lo que sucede a su alrededor y no pueden ser engañados, por mas que el adulto crea que lo ha logrado. Tienen derecho a ser escuchados, atendidos y valorados. Tienen derecho a saber la verdad y ser tratados como seres capaces de asimilar lo que se les comparta. La escucha es un acto de amor, la inclusión es un acto de amor, la comunicación es un acto de amor. Traduce: “eres importante para mí” “te valoro y respeto” “confió en ti” “eres capaz y autónomo” “eres un niño, no menos que un adulto”. La escucha confiere sentido, “porque el niño existe porque existe un adulto que lo hace existir” María Cristina Grillo.