El azúcar muerde

Actualizado: 24 de ago de 2019



Mi abuelo, ciego y a punto de perder sus piernas, murió de diabetes a los 56 años. Yo, adicta al azúcar, y con una familia con tendencia a sufrir de sobrepeso, no puedo sino gritar en silencio cada vez que veo una familia alimentando con postres, tortas, chocolates, gaseosas y jugos en caja a sus bebés. Llevo meses queriendo escribir un artículo sobre los efectos del azúcar: sobre la adicción, el sobrepeso, la hiperactividad, el desequilibrio hormonal.

Pero algo se interponía en mi camino: la falta de información, de estudios científicos rigurosos, de evidencia que respaldara lo que para mí, y muchos mas, es puro sentido común. Me sorprendió lo difícil que era encontrar información contundente. Todos los estudios publicados en revistas científicas se limitaban a concluir: no hay suficiente evidencia que vincule el azúcar con estos desordenes. Aparte de una incidencia en las caries dentales y sobrepeso en casos extremos, el azúcar no le hace mal a nadie. ¿Seguros? Solo me quedó preguntarme, ¿quién esta respaldando y financiado estos estudios?

El precio de la verdad

En los años 50 y 60 fumar no solo era la norma, sino socialmente reforzado. Se fumaba en los aviones, restaurantes e incluso hospitales. Las compañías tabaqueras conocían desde ese entonces los efectos nocivos del tabaco, pero revelar esa información al público perjudicaría sus ingresos. ¿Salud pública o el enriquecimiento de la industria? Lo mas importante era proteger su imperio.

Millones de víctimas de cáncer de pulmón pagaron el precio de dicha negligencia. Sus vidas fueron el precio de la verdad. Hoy en día fumar es un habito indeseado. Se prohíbe fumar en espacios públicos, se informa a los consumidores el riesgo que conlleva, y el resto ya es historia. Entre mi búsqueda frustrada acerca de los efectos del azúcar solo cabe pensar, ¿se está repitiendo la historia del tabaco con el azucar?

Durante la década de los 60 la industria azucarera reunió un grupo de científicos que les permitiera propagar un mensaje al público: No hay prueba científica suficiente que vincule el consumo de azúcar con enfermedades cardiovasculares. Así, se culpó exclusivamente al consumo de grasas. Hoy en día no hay quién lo refute: el azúcar sí afecta directamente el desempeño cardiovascular. Como explica el Centro para el Control y Prevención de Enfermedades de la Universidad de Harvard, una dieta alta en azúcar añadida aumenta el riesgo de sufrir de enfermedades al corazón, incluso cuando no se sufre de sobrepeso. Una verdad por fin admitida.

Pero, ¿y que hay de la adicción al azúcar, de la hiperactividad en los niños, del efecto sobre la obesidad? Aun los científicos no encuentran evidencia suficiente. ¿Y nosotros? Supeditados a productos con intereses económicos en la industria azucarera, seguimos consumiendo azúcar por montones. Ojalá esta vez millones de personas con enfermedades metabólicas no paguen el precio de la verdad.

¿Pero realmente necesitamos azúcar?

Sí, la pregunta es, ¿cuál?

La principal función del azúcar es proporcionar la energía que nuestro cuerpo necesita para su funcionamiento. La glucosa permite que el cerebro y los músculos desarrollen todas las funciones cognitivas y físicas del día a día. Sin ese combustible el organismo empieza a sufrir estragos, como mareos, debilidad, temblores o desmayos. Si es así, entonces por qué la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda limitar el consumo de azúcar libre.

Parecería una contradicción, pero no lo es. El azúcar libre o añadida no es igual al azúcar natural de los alimentos, como la fructosa y lactosa. Las frutas, vegetales y la leche ya contienen azúcar natural dentro de sus propiedades, y este es el combustible y glucosa idónea para nuestro organismo. El polvo blanco que solemos poner en el centro de la mesa, y añadir a recetas y bebidas, no es necesario.

El azúcar añadida tiene un efecto negativo sobre nuestro metabolismo. Desde cardiopatías e hipertensión hasta diabetes y cáncer. Sin embargo, la situación es aun mas compleja. Es fácil distinguir el azúcar pulverizada que añadimos a los postres, pero qué sucede con todos los productos que tienen azúcar añadida escondida: salsa de tomate, pan, maní, aderezos, y TANTOS mas.

Todos los productos procesados que vemos en los supermercados tienen compuestos añadidos que tratan de esconder en etiquetados cada vez mas engañosos. Nos hacen creer que son sanos, cuando en realidad están repletos de azúcar. Algunos nombres en sus etiquetas: azúcar, azúcar de caña, azúcar invertido, melaza, fructosa, dextrosa, maltosa, levulosa, jarabe de maíz o de glucosa y jugo de fruta. Ustedes escojan el nombre. ¿La solución mas simple? Volver a lo natural. Las frutas, verduras y pescados que no necesitan un etiquetado que justifique su composición.

¿Y si es tan mala, por qué nos gusta?

“Nuestro cuerpo es sabio, nos pide lo que necesitamos. Entonces, si nos gusta tanto algo bueno debe tener”. Claro, pero nuestro cuerpo está diseñado para sobrevivir haciendo el mínimo esfuerzo posible. Toda comida dulce permite una digestión rápida, llevando mucha glucosa a la sangre en un tiempo muy corto. No es absurdo pensar entonces que el cuerpo siempre va a preferir este tipo de alimentos. Además, el azúcar, chocolate, café, leche de vaca y trigo imitan la acción de los opiáceos, liberando dopamina, serotonina y oxitócica. Estas tres sustancias dan equilibrio motor y emocional al organismo. Su efecto es similar al del opio, enviando señales de placidez, júbilo y confort.

Cada vez que se consume azúcar, el cerebro libera mas y mas dopamina. El problema es que los receptores de dopamina se hacen cada vez mas tolerantes, y necesitaremos cada día mas y mas azúcar para lograr satisfacernos. El azúcar entonces sí tiene un efecto neurofisiológico equivalente al de una droga, pues altera la segregación de neurotransmisores vinculados al placer, y refuerza cada vez un consumo mayor. Aun así, los estudios científicos descartan que el azúcar sea adictiva. Podrán sacar ustedes mismos las conclusiones.

Sugar Rush

Es solo ver un bebé o un niño después de consumir mucho dulce para querer afirmar con toda seguridad que el azúcar sí tiene un efecto sobre la hiperactividad. Sin embargo, no existe evidencia científica que confirme la relación entre el azúcar y el comportamiento hiperactivo. ¿Lo que sí sabemos? El azúcar en la sangre manda la señal para que se libere adrenalina en el organismo.

La adrenalina produce un desequilibrio en la capacidad para concentrarse, disminuyendo el apetito y desestabilizando el sueño. ¿Por qué? Esta hormona nos activa para huir en casos de emergencia, y nos dispone a la acción acelerando el metabolismo. Es decir que el azúcar sí entra al torrente sanguíneo y aumenta los niveles de energía, y aun así la ciencia no confirma su efecto sobre la hiperactividad. Una vez mas, ustedes podrán sacar las conclusiones.

¡Pobre mi bebé sin dulce!

La Organización Mundial de la Salud (OMS) da el siguiente reporte acerca de la infancia con sobrepeso:

1990, 32 millones de niños;

2016, 41 millones de niños;

2025, se estima alrededor de 70 millones de niños.

Yo me pregunto, ¿dónde estaban los padres y cuidadores de estos bebés y niños? ¿dónde estaba el círculo de apoyo de esta familia? ¿cómo sucedió esto?

Un día comenté con algunos amigos que como decisión personal no iba a dar dulces a mis bebés. Recuerdo bien la primera reacción: ¿Ni siquiera en su cumpleaños? Primero una torta de cumpleaños no tiene que tener toneladas de azúcar refinada, hay muchas mas opciones. Segundo, solemos asociar el dulce con premios y felicidad para los niños. Creemos que los helados, bombones, chocolates son un derecho en la infancia. Creemos que les estamos haciendo un favor, dándoles un regalo y llenándolos de dicha. No es así. Debemos romper de una vez por todas la asociación dulces-niños. Un bebé no será infeliz si no se le da dulce desde los seis meses de edad. Un bebé no dejará de vivir una vida de gozo y en plenitud si su dieta se basa en alimentos naturales que verdaderamente lo nutran. Un niño no dejará de ser un niño por no comer dulce.

Nuestros bebés conocen el sabor dulce desde recién nacidos. La leche materna es el alimento mas completo y dulce del reino animal. Un estudio realizado en 2016 por el Instituto de Fisiología de la Universidad de Zúrich encontró que la leche contiene más de 200 moléculas de azúcar. Este tipo de azúcar es el que necesitan nuestros bebés, no añadida y procesada. The American Heart Association emitió un informe en la revista científica Circulation donde explica que los niños de menos de dos años no deben consumir NINGUN tipo de azúcar agregada.

Y aun después de los dos años, el exceso de azúcar en su dieta afectará el crecimiento, al generar una oxigenación celular irregular y una mala coagulación. Yo agregaría a este comunicado: mínimo dos años, pero ojalá toda una vida. Sin restringir cuando llegue el poder de discernimiento, simplemente educando con hábitos y ejemplo.

Nuestras papilas gustativas se pueden entrenar. “Esto no sabe a nada” “Está insípido” “Le falta dulce” son afirmaciones de los adultos. Nuestros bebés están conociendo el mundo y su sentido del gusto no tiene todos los condicionamientos que nosotros tenemos, a ellos no les importan nuestros calificativos sobre la comida y la disfrutarán igualmente.

Compruébenlo ustedes mismos. Si antes solían echar azúcar al jugo de fruta de sus bebés o a las compotas, disminúyanla hasta eliminarla por completo. El paladar se acostumbrará y disfrutarán los alimentos igual que antes. La niñez es una ventana crítica para fijar preferencias gustativas, su mundo está lleno de posibilidades, pero somos nosotros los que los limitamos.

Como adultos somos libres y autónomos para decidir cuánta glucosa ingerimos. Somos libres de decidir si maltratamos nuestro el cuerpo o no con lo que comemos. Tomamos responsabilidad de nuestras acciones y sorteamos como podemos las consecuencias de la alimentación que nuestros propios padres nos dieron cuando pequeños.

Tenemos poder de decisión, nuestros bebes y niños no. Ellos comerán lo que nosotros les proveamos. Entonces yo me pregunto, ¿cuál es la necesidad de loncheras llenas de azúcar? ¿de fiestas llenas de torta y gaseosa? ¿de meriendas llenas de paquetes procesados y confitería? Evitemos los picos de azúcar en la sangre de nuestros niños. Démosles el regalo de elegir por ellos, con responsabilidad y consciencia.

El azúcar muerde

Recuerdo un día en el que pasé unas horas cuidando un niño de unos 7 años. Después de jugar un rato le serví un vaso con agua. Al primer sorbo me miró horrorizado dejando el vaso al lado: ¡Esto sabe horrible! Yo no entendí qué pasaba, solo le había servido agua pura en un vaso completamente limpio. Probé del mismo vaso y descubrí lo que estaba pasando.

El problema era justamente ese, que solo le había dado agua. En mayo de 2013 se implementó una campaña conocida como “Sugar bites” o “El azúcar muerde” en California, Estados Unidos. Nuestros niños alrededor del mundo están acostumbrados a tomar todo menos agua: gaseosas, jugos de caja, o jugos naturales llenos de azúcar, leches achocolatadas, aguas saborizadas, bebidas energizantes. No cabe sorprender entonces que solo el mercado de las bebidas gaseosas mueva alrededor de 80.000 millones de euros anualmente.

Bebidas con un alto índice de azúcar añadida vendiendo por montones y los rangos de obesidad aumentando en paralelo. El estado de California decidió entonces tomar responsabilidad y hacer una campaña publicitaria que concientizara a los padres acerca de lo que les compran a sus hijos. Volver a lo esencial, volver al agua, sin saborizantes, sin zumos de frutas, sin azúcar, ¡solo agua! Volver a los frutos secos naturales, a las frutas frescas, verduras, chocolate amargo artesanal, crispetas hechas en casa, yogurt natural. ¡Volver a la comida de verdad!

Ese el mensaje que necesitamos hacer llegar a los hogares del mundo. Recordemos siempre, estamos decidiendo por ellos, ¿qué te dirían si fueran adultos bien informados y sensatos que pudieran escoger por ellos mismos lo que se llevan a la boca? Seguramente te dirían: Mamá, gracias por los dulces, pero creo que me haría mejor de la comida que alimenta de verdad.