Lo que la disciplina NO es

Actualizado: 24 de ago de 2019



1. Creencia limitante: “Si no le duele no aprende”.

La disciplina no es dolorosa.

Creemos que la disciplina implica sentimientos heridos, lágrimas, gritos. Lágrimas de los niños, lágrimas de los padres. Desconexión, frustración, rabia. Vínculo padre-hijo cada vez mas debilitado. No es así. La disciplina no tiene que ser dolorosa para nadie, ni en el sentido literal ni en el sentido figurado. Creemos que para establecer límites e inculcar disciplina no podemos ser acogedores, cariñosos y afectuosos.

La tranquilidad y receptividad NO es enemigo mortal de la disciplina. No es necesario mostrarse molesto, imponente, rígido o amenazante. Este estado alterado nada tiene que ver con la disciplina. El amor sí puede estar presente en el proceso de corrección. Es más, debe estar presente. La empatía afectuosa, como la describe Daniel Siegel, es necesaria al momento de corregir. “No subestimes el poder de un tono amable de voz cuando mantienes con tu hijo una conversación sobre la conducta que quieres cambiar”.

2. Creencia limitante: “Corrígelo ahí mismo que sino no aprende”

La disciplina no tiene que ser inmediata

Cuando intentamos entrenar a un cachorro para que no se haga pipí dentro de la casa debemos regañarlo TAN PRONTO como se orina donde no debe. Si no lo hacemos inmediatamente, el perro no asociará el estimulo negativo con orinar en ese lugar especifico. Con nuestro niños no funciona igual, y muchas veces es mejor esperar antes de corregir. No es cierto que un comportamiento debe corregirse inmediatamente ¿Sabes porque? Porque muchas veces el sistema nervioso no está listo para acceder a las zonas superiores (corteza pre-frontal) donde reside nuestra capacidad de reflexionar y analizar. Necesitamos que nuestros niños estén tranquilos para que puedan realmente escucharnos, analizar lo que sucedió e integrarlo en su cerebro racional. Volvamos al ejemplo del perro ¿Será efectivo tratar de enseñarle al perro un truco mientras está peleando con otro perro? Un perro en modo ataque, ladrando y mordiendo a otro perro necesita primero calmarse, sino le es imposible aprender cualquier cosa. Sucede lo mismo con nuestro sistema nervioso.

Un niño llora desconsolado y los padres lo señalan apretando los dientes y le dicen: ¡Para de llorar ya mismo! Daniel Siegel describe esto como “acorralamiento”. Cuando un niño se siente amenazado tiene dos opciones: se defiende o se desactiva. Es nuestra respuesta biológica de lucha-huida. Necesitamos que nuestros niños nos escuchen, no que entren en modo defensivo o modo rechazo. “Cuando los niños están descontrolados, no es el mejor momento para hacer cumplir una regla con rigidez. En cualquier caso, si están mas tranquilos y receptivos, serán mas capaces de aprender la lección” Siegel.

Cuando los niños se comportan mal es cuando más nos necesitan. Cuando lloran, gritan, se frustran y se enojan es cuando más necesitan conectarse con nosotros. ¿Si conecto con mi hijo en momentos de tensión y cuando se porta mal estoy dejando que se salga con la suya? Conexión no es lo mismo que permisividad. Significa sintonizarnos con lo que están viviendo internamente para ayudarlos a calmarse. Después vendrá el momento de enseñarles o darles alternativas sobre la conducta indeseada.

3. Creencia limitante: “Entre mas fuerte sea mi reacción mejor, porque el mico sabe a qué palo trepa”.

Disciplinar no es jugar al juez

Cuando corregimos desde el juicio, desde la humillación o simplemente desde el señalamiento los niños se enfocan en nuestra reacción/exageración y no es sus acciones. Piensen en el peor castigo o regaño que recibieron ustedes de niños. Yo los tengo muy presentes. No recuerdo en absoluto qué fue lo que hice, pero recuerdo perfectamente el castigo, la palabra hiriente o lo mal que los adultos me hicieron sentir. Cuando somos duros, injustos, exagerados o sentenciamos a nuestros hijos, ellos dejarán de enfocarse en lo que necesitan aprender, y se centrarán en “lo mala que es mamá” o “lo malo que es papá”. Como discutí en el postulado anterior, una reacción agresiva por parte del adulto solo los pondrá en un modo aun más reactivo que bloqueará el aprendizaje y debilitará la relación. Así, no serán capaces de observar su propio comportamiento sino que se enfocarán en lo injustos que estamos siendo nosotros.

4. Creencia limitante: “Nunca dar el brazo a torcer”

Disciplinar no es sabérselas todas

Como padres creemos que en el momento de educar no podemos “dar el brazo a torcer”. Esta expresión posiciona a los padres en un pedestal de poder donde nunca podrán mostrar su vulnerabilidad y su condición humana. La realidad es que como padres o educadores nos equivocamos ¡y mucho! Es parte del proceso y de nuestro propio aprendizaje. Como explica Daniel Siegel, “es imposible desenvolvernos siempre al máximo nivel. A veces somos inmaduros, reactivos y crueles”. Disciplina también es aprender a pedirle perdón a nuestros hijos cuando sea necesario. Sí, pedir perdón, por mucho que le cueste al ego adulto. Eso no significa que perderemos su respeto, que nunca más nos escucharán, que nos mostraremos débiles o que nunca nos volverán a tomar en serio. Pedir perdón cuando nos equivocamos es la máxima enseñanza de humildad, de corrección, de introspección. Es reconocer, “estoy dispuesto a ser para ellos un modelo de conducta que reconoce sus errores” Siegel.

Recuerdo una familia en la que presencié a una mamá pidiéndole perdón a su hijo adolescente. Fue un verdadero momento de conexión para ambos. Ella le decía algo así como: “Me equivoco, mucho, todo el tiempo. Pero te garantizo que cada vez que me equivoco, me equivoco con amor”. Sé que mi mamá perdió muchas veces los estribos cuando me corregía, sé que es normal y que es parte de su propia capacidad para regularse y lidiar con su frustración, pero también sé que un: “Lo siento, me equivoqué… no debí gritarte así, fui injusta, no era para tanto” hubiera sanado y reparado profundamente nuestra relación. Muchas de nuestras sentencias en los momentos acalorados son exageradas: “Nunca más volverás al parque” “Este verano no irás a clase de futbol nunca más” “Olvídate del televisor todo el mes”. Sentencias como estas pueden repararse si con humildad admitimos: “Me he precipitado, no he analizado bien las cosas. Me lo he pensado mejor y he cambiado de opinión”. Siento honestos, genuinos y vulnerables.

5. Creencia limitante: “Aquí la que manda soy yo”

La disciplina no asume, la disciplina pregunta y escucha.

“Antes de castigar con dureza, escucha al niño” Siegel. Como padres muchas veces observamos lo evidente y queremos saltar sobre nuestros niños. Pero antes debemos detenernos, respirar y PREGUNTAR. Quizá haya una buena explicación para lo que estamos observando. Los padres responden con: “Me da igual, no quiero oírlo. No hay motivo ni excusa”. Antes de saltar a conclusiones y condenar a un niño por lo que estás viendo, pregúntale qué es lo que ha pasado. Necesitamos fortalecer su propia capacidad de análisis e introspección. La disciplina es un proceso en el que se incluyen dos seres. Yo respeto las necesidades de mi hijo cuando conecto y lo escucho. El fin último de la disciplina no es el castigo, es el aprendizaje. Pedirle ayuda a los niños sobre cómo solucionar un problema es una excelente manera de comprometer su cerebro superior y hacerlos participes: ¿Se te ocurre que podamos hacer algo para reparar lo que pasó? ¿Se te ocurre que podamos hacer algo para hacer sentir mejor a tu hermano? ¿Cómo podemos solucionar esto?

6. Creencia limitante: “Ellos no entienden sino repites incansablemente”

Disciplinar no es sermonear e ignorar

Para muchos niños y adolescentes un padre dando una lección suena así: Bla, Bla, Bla.

Cuando imponemos disciplina las palabras sobran. Tendemos a dar largos y elaborados discursos acerca de cómo hacer o no hacer las cosas. Subestimamos el poder del silencio y atiborramos con palabras la mente de nuestros niños. Cuando un niño tiene una rabieta, hablar puede ser lo más contraproducente que podamos hacer. El input sensorial los desregula aun más, y solo intensifica los síntomas de su sistema nervioso alterado ¿Qué quiere decir esto? Que el exceso de palabras solo hace que el niño llore mas, se descontrole mas, patalee mas. El niño necesita contacto y calma, no más distracciones que lo alteren. La comunicación no verbal es mas poderosa. El contacto físico, la mirada, un abrazo, sobarlo en la espalda, respirar juntos debe ser el primer paso para que nuestro niño se CALME. Una vez su sistema nervioso logre regularse podremos estar listos para hablar, con moderación para no perderlos en el intento.

“Solo estás cansado” “No es para tanto” “Deja de quejarte” “Eso no es razón para llorar”. Yo quisiera responder a estas afirmaciones de los adultos con una pregunta: “¿Según quién?”. Creemos que tenemos la verdad absoluta y que sabemos cómo debería sentirse un niño. “Estas declaraciones desprecian la experiencia” Siegel. Para tu hijo es una experiencia real y necesita validación. Sentirse comprendido y apoyado, no menospreciado. Podemos no estar de acuerdo con una determinada conducta, pero siempre reconocemos, nombramos y validamos la experiencia subjetiva: “Sé que te causa tristeza” “Entiendo lo difícil que puede ser para ti” “Entiendo que estás frustrado y te es difícil esperar”. NO a ciertas conductas, pero siempre SÍ a sus emociones. El mensaje será: estoy aquí para ti, no contra ti.

*Toda la información presentada está basada en el "Enfoque del cerebro pleno, sin lágrimas” desarrollado por Daniel J Siegel y Tina Payne Bryson.

Lo que la disciplina Sí es

El desafío que representa la disciplina es la tierra fértil en la que sembraremos semillas para el desarrollo de nuestros niños. Pero para ello debemos revisar nuestros propias creencias limitantes que nos fueron heredadas y replicamos sin cuestionar. Mucho de lo que hicieron nuestros padres funcionó, pero muy seguramente hay formas mas respetuosas, afectivas y enriquecedoras para lograrlo. La invitación con el artículo de esta semana es romper la asociación que tenemos de disciplina -miedo, dolor; castigo; exigencia; autoridad; rigurosidad; dureza. Y empecemos a asociar disciplina con -amor, enseñanza, conexión, empatía, consuelo, redirección, habilidades, y desarrollo. Por que nunca es tarde para empezar de cero.