• Marcela Lozano

El arte de vivir la maternidad con el sentido común

Actualizado: 29 de ago de 2019



A las 2:00 am recibí el llamado como doula. Me puse en pie y llegué a la casa de Diana. Las contracciones estaban cada 7 a 10 minutos. Empezamos con las técnicas de confort y cuando amaneció subimos a la terraza para caminar. Mientras caminábamos tuvimos mucho tiempo para conversar. Diana me contó sobre cómo su maternidad había ido evolucionando con cada hijo que había traído al mundo. Este sería el parto de su tercer bebé: una niña. Vi en ella una luz que sentí sería de gran valor compartir con todas las madres. Ella ya no encontraba sus respuestas como madre en el exterior: se permitía encontrarlas en su interior. Escuchaba el afuera como guía pero confiaba sobretodo en su intuición. Hoy para ustedes el testimonio de Diana Jurado:

"Leo este título y parece increíble pensar que en la maternidad debamos aprender a seguir nuestra intuición. Pareciera que todo esto del sentido común debería fluir naturalmente pero lo que es verdad es que el sentido común en la maternidad no tiene nada de común. Tristemente es a lo que menos prestamos atención. Hemos adoptado una crianza más desde afuera hacia adentro, llena de muchos libros, Google y opiniones externas. Tanta información ha acallado ese sentido común que nos permite conectarnos con lo que nuestro hijo necesita, y lo que es peor, aún nos ha quitado la capacidad para disfrutar ese proceso, para vivirlo a plenitud.

Fijar nuestra mirada en lo que está afuera e intentar adaptarlo a nuestros hijos nos deja cansadas, frustradas, agobiadas y confundidas. Quedamos con la sensación de que no estamos haciendo bien nuestro trabajo, que nuestro bebé es difícil o simplemente que esto de la maternidad parece funcionarle a todo el mundo pero no a nosotras. Estamos más preocupadas si nuestros hijos cumplen X o Y estándares de lo que hemos leído se supone deben hacer o lograr en cada etapa, y nos hemos perdido la capacidad de sorprendernos con sus procesos únicos y maravillosos.

Nos traumatiza pensar que está durmiendo muy poco o mucho, que come muy seguido o que casi no come, que todavía no va al baño o que toma fórmula en vez de leche materna. Todo esto dispara nuestras alertas y empezamos a buscar afuera todas las respuestas. Enloquecemos poniendo en práctica todo lo que leemos, nos dice la vecina, la mamá, la suegra, olvidando que Dios puso en el interior de cada mamá respuestas únicas para cada hijo que ha puesto a su cuidado. No quiero decir que nunca necesitaremos esa ayuda externa, pero la verdad es que muchas veces si tan solo nos detenemos, observamos y nos dejamos llevar por eso que creemos que puede ser una solución, acallando todo el ruido de afuera, todos esos “deberías”, nos encontramos con soluciones maravillosas y empezamos a vivir esa crianza a plenitud. Experimentamos tranquilidad, complicidad entre nuestro bebé y nosotras, empoderamiento y el gozo que viene de disfrutar al 100% ese bebé, por que dentro de poco todo eso que hoy parece ser tan problemático y tan grande quedará en el pasado.

Esto lo he aprendido con el tiempo y empecé a ponerlo en práctica cuando nació mi segundo hijo. Hoy con 3 hijos me gustaría poder recordarle a las mamás ( sobretodo a las primerizas, por que es ahí donde uno más sufre pensando que todo lo difícil será eterno) que lo están haciendo bien porque sus hijos hoy tienen lo mejor y son ellas mismas. Finalmente todo va a resultar bien, el bebé que no dormía algún día dormirá, el que tenía chupo lo dejará, el que no dejaba el pañal lo logrará y todos esos detalles pasarán y quedarán en el recuerdo. Disfrutemos de este regalo que se nos ha dado, recordando que cada hijo es único y cada familia también, así que lo que funciona para unos puede no ser lo mejor para otros.

Lo más importante es poder disfrutar ese proceso tomando las decisiones que traen paz a nuestro corazón y que más le convienen a nuestra familia. Démonos la oportunidad de disfrutar plenamente de esta etapa con todos los aprendizajes que tiene, de permitirnos ser enseñadas por ese nuevo ser que ha llegado a nuestro hogar. Dejemos de estar ansiosas por pasar rápidamente todas las etapas como cuando uno se toma el agua de un té antes de que la bolsita logre expandir todo su sabor. Permitámonos vivir una maternidad plena donde aprendemos, lloramos, nos equivocamos, re-aprendemos, nos reímos, y crecemos como nunca antes lo habíamos hecho, descubriendo y asombrándonos de todas las herramientas que tenemos en nuestro interior esperando a ser despertadas." Diana Jurado

Gracias Diana por compartir tu testimonio. Gracias por hacer un llamado a volver a confiar en nuestra intuición. El vínculo de una madre con su hijo viene desde adentro, desde el útero, y le lleva meses de ventaja a cualquier otro ser humano en la tierra. Nadie conoce más a un hijo que sus propios padres. Si existiera una única manera correcta de criar a los niños la maternidad habría perdido su esencia. Se trata de innovar, de crear, de ser espontáneo en el momento presente. Confía en ti. Aprende y edúcate. Solo así lograrás el perfecto equilibrio entre el conocimiento externo y el conocimiento del corazón. Que la información no juegue en nuestra contra, que no nos arrebate el disfrute del Milagro de la Vida. No busques ajustar a tu hijo a lo que dice un libro o una doctora. Busca extraer la información pertinente y ajustarla a tu propio contexto. Si gestaste de manera natural al Milagro de la Vida es porque tienes todo lo que se necesita para cuidar de él.

Yo confío en ti ¿confiarás como madre en ti misma?


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