En mi rabieta, haré de ti mi espejo

Actualizado: 16 de oct de 2019



“En tu rabieta, harás de mí tu espejo”. Repetirlo, como un mantra. Repetirlo, hasta el cansancio. Repetirlo, hasta que se interiorice. Pero, ¿repetir qué? Estas palabras abstractas representan lo que tienes que saber sobre una rabieta, pataleta, berrinche o desborde emocional. Espero que esta frase incomprensibles, después de los párrafos a continuación, tengan sentido y se conviertan en brújula y mapa para sortear los malos comportamientos de nuestros niños. Pero, sobretodo, espero que sirvan para reconciliarnos con nuestras propias emociones y sensaciones ante los ataques de frustración de nuestros mas pequeños.

Un niño de 3 años se tira al piso en pleno pasillo de la tienda... ¡PATALETA! se arrastra, llora y grita, golpea, patalea. Quiere la versión mas sofisticada del juguete que YA TIENE, y que además, es EL MÁS CARO de todo el mostrador. La mamá avergonzada empieza a sentir opresión en el pecho, calor en la coronilla, le sudan las manos y contrae la frente. El corazón bombea a toda velocidad, se siente frustrada y desesperanzada, la gobierna la ira.

En ese momento entran todos los “DEBERÍA”:

“Debería estar calmada”;

“No debería sentir esto”;

“Si siento ira soy una desalmada”;

“Cómo voy a sentir esto si yo soy el adulto”;

“Si siento esta emoción entonces mi hijo no va a aprender nada”.

La mirada del público, que combinan morbo-genuina curiosidad-lástima, solo intensifica los “DEBERÍA”. Y es en esa batalla interna que se pierde el regalo de la conexión.

¿Por qué? Porque lo que la madre no sabe es que su hijo que está en el piso viviendo su rabieta está sintiendo: opresión en el pecho, calor en la coronilla, sudoración en las manos, contracción en la frente. El corazón bombeándole a toda velocidad, frustración, desesperanza, ira… ¿Les suena familiar? Mamá e hijo operan como un gran espejo en el que los circuitos resonantes del cerebro se sincronizan. Para SENTIR A NUESTROS NIÑOS EL CAMINO ES HACIA ADENTRO. Sentirnos a nosotros mismos es la puerta de entrada para conectar con el mundo emocional del niño.

En esa medida, nuestros niños buscarán la manera de PONERNOS EN SUS ZAPATOS, aunque eso les cueste un berrinche. Esa pataleta en la tienda de juguetes es la forma como el niño quiere que SINTAMOS COMO ÉL SE ESTÁ SINTIENDO. Si mamá se siente frustrada y con ira ante la conducta de su hijo, es porque su hijo se siente frustrado y con ira ante el límite que no opera bajo su principio de placer. Es un cadena perfecta y natural, que solo busca conexión y sincronía entre adulto-niño.

El niño solo aprenderá a conocerse a sí mismo viéndose fuera de sí mismo, reflejado en un espejo. ¿Quién es el espejo? El ADULTO. Esa es la razón por la que los niños nos hacen sentir tanto, porque están buscando en nosotros un reflejo de sus sensaciones y pensamientos. Si el adulto no logra abordar SU PROPIA frustración el niño no logrará recoger información que le enseñe acerca de su frustración y cómo lidiar con ella. Por eso que la manera como el adulto se regula a sí mismo es mas poderosa que cualquier cátedra sobre el ahorro familiar o juguetes innecesarios. Porque atendemos con la razón lo que es dominio del cuerpo.

Hagamos el siguiente ejercicio. Piensen cuando ustedes se levantan tristes, aburridos y deprimidos, ¿cómo tratan a la gente a su alrededor? ¿cómo tratan al portero, taxista o vendedor? Ahora, cuando ustedes se levantan felices, positivos y energéticos cómo tratan a esas mismas personas. ¿Notan alguna diferencia? Según Lisa Dion, fundadora de la Terapia de Juego Sinergética, vamos por el mundo ofreciendo una experiencia de lo que SE SIENTE SER NOSOTROS MISMOS. Y eso es exactamente lo que están haciendo nuestros niños: OFRECIÉNDONOS LA EXPERIENCIA DE LO QUE SE SIENTE SER ELLOS EN ESE INSTANTE.

Que gran diferencia habría si en lugar de tomarnos todo personal lográramos entender que esa persona que nos trata con desprecio, indiferencia o dureza solo nos está queriendo mostrar cómo va su día y cómo se siente vivir dentro suyo. La verdad es que ante cada encuentro con una persona nuestro sistema nervioso saluda a su sistema nervioso mucho antes de que siquiera crucemos la primera palabra. Esa es la magia de la proyección.

Es un mito destructivo pensar que los padres deberían permanecer calmados ante las emociones de sus hijos; o que los maestros deberían permanece calmados ante las emociones de sus estudiantes; o que los terapeutas deberían permanecer calmados ante las emociones de sus pacientes. Nosotros los adultos debemos estar en un estado emocional congruente que refleja el estado del niño, y eso solo logramos siendo genuinos. Es decir, conectando con lo que surge en nuestro cuerpo, nombrando nuestra emoción e incorporando técnicas para volver a la regulación. Antes de saltar al niño, debemos atendernos a nosotros.

La invitación es entonces a conectar con el cuerpo y volver a ser genuinos y genuinas. SENTIR ante las conductas de nuestros niños es la oportunidad que tenemos para ENTENDER cómo se están sintiendo, y solo en esa medida podremos ayudarlos. Volvamos a la sabiduría de nuestro cuerpo que nos da mas pistas sobre lo que sucede a nuestro alrededor que cualquier raciocinio. Recibamos estas emociones intensas con reverencia: son la invitación de otro ser a sentir por unos instantes lo que es vivir bajo su piel.