Un mapa del desarrollo infantil: de la tormenta a la calma

Actualizado: 24 de ago de 2019



No hay tormenta que dure cien años, ni oruga que no haga metamorfosis. Si analizamos con detenimiento la vida del ser humano, y su proceso de desarrollo, nos daremos cuenta que seguido de unos años de cambios, transformaciones y desafíos, llega la calma, el sosiego y el disfrute. Pero no pasan muchos años en este estado de quietud cuando de nuevo aparece una oleada de transformación, que lo mueve todo, que desafía nuestro cuerpo, nuestras creencias y nuestros comportamientos.

En esta pulsión vital de caos-calma nos pasamos toda la vida. En los momentos de quietud aprovechamos para avanzar, en los momentos de tormenta el barco se hace mas fuerte. Y la verdad es que sin movimiento no habría crecimiento. Entonces el lugar de temerle a la tormenta, recordémosla como un tesoro y esperémosla preparados.

¿Cómo funcionan estos ciclos de cambios y quietud en el desarrollo infantil? ¿Cómo identifico el horizonte sereno y me preparo para la tormenta que vivirá mi hijo?

Entender las etapas de desarrollo será contar con un mapa que nos oriente y apunte el norte. Sin esta guía, que entiende y respeta el proceso único e individual de cada ser humano, podríamos caer en el juicio o la preocupación, cuando en realidad, los desafíos que vemos en nuestros hijos o alumnos son procesos naturales y saludables.

1. El mundo afuera de mamá: El huevo de la mariposa

Primera tormenta: La concepción. Ese nuevo ser que empieza a formarse se pregunta constantemente ¿existo? Llegan 9 meses de calma, completamente protegido y resguardado. En total reposo y seguridad, cobijado por un mar de amor. Pero después de estos nueve meses se avecina la verdadera tormenta: el nacimiento. Llega la separación física, y con ella un gran temor: ¿Será el mundo un lugar seguro? ¿Podré sobrevivir?

En esta etapa el bebé necesita sobretodo brazos, contacto, contención y que sus necesidades se suplan a cada instante. Si cuidadores están ahí respondiendo a su llanto de forma inmediata entonces poco a poco el bebé afianzará la idea de que el mundo es un lugar en el que puede confiar. Sabrá que no morirá de hambre o de frío y se sentirá digno de vivir.

Los terribles (o maravillosos) dos: La oruga

Y entonces el recién nacido reconoce que todo está bien, que sus padres están ahí para él, respondiendo a su llanto, supliendo sus necesidades básicas, pero sobretodo dándole amor. Se reconoce unido a mamá, a pesar de estar fuera del vientre. Y así transcurren en calma sus dos primeros años de vida, nutriéndose, como una oruga, de todo a su alrededor. Pero la tranquilidad, conexión y unión se vuelve tormenta cuando descubre: ¡Soy diferente a mamá! ¡Ella y yo estamos separados! No somos uno solo, yo soy un ser completo e INDEPENDIENTE.

Alrededor de sus dos años se da cuenta que tiene poder personal y puede oponerse a los adultos a su alrededor. Así es como aprenden a decir ¡NO! Este proceso de individuación trae consigo la gran pregunta: ¿Soy un individuo? ¿Tengo poder en el mundo? ¿SOY CAPAZ? Surge la duda de su capacidad y autonomía. Su identidad empieza a formarse y necesita reconocer que tiene un efecto sobre el mundo. Que sus límites son respetados por el adulto y que sus elecciones son tenidas en cuenta.

Aparecen frases como: “No”; “Mío”; “Yo solo”. No es rebeldía, es su primer intento de establecerse como un ser independientes con poder personal. Así es como descubre tres nociones antes inexploradas:

  1. Soy un individuo diferente a mamá. Estamos separados

  2. Tengo deseos y puedo defenderlos a través del ¡NO!

  3. Tengo un efecto sobre el mundo, y cuando me opongo logro reacciones a mi alrededor.

Inspeccionemos estas palabras:

-“Yo solita": El ‘YO’ ratifica su individualidad. El ‘SOLITA’ refuerza su poder personal y autonomía.

-"NO": pone límites en un mundo que antes parecía una gran dictadura.

Los padres deberían estar orgullosos cuando sus hijos son capaces de decir: “No quiero”; “No me gusta”; “No deseo”; “Yo sola”. Están por primera vez definiéndose como seres completos, fuertes e independientes, capaces de sostenerse por sí mismos.

Por esa razón, es importante evitar situaciones en las que los niños de esta etapa sientan que están perdiendo control. Es necesario reforzar su capacidad y su poder, ¿cómo? Dándole alternativas: Está frío afuera, ¿qué saco te quieres poner, este o este otro? ¿Te quieres poner los zapatos tú sola? ¿Quieres desayunar huevo revuelto o huevo frito? Con estas sencillas preguntas los estamos haciendo participes del proceso de elección, y estamos reforzando su percepción de autoeficacia.

Dejando atrás al infante

Pero después de estos desafiantes dos años, todo regresa a la quietud y la calma. Hasta que llega el movimiento que trae consigo los siete años. En esta etapa el niño se transforma: su cuerpo crece exponencialmente, sus extremidades se alargan, deja de ser un infante, pierde sus dientes de leche. Como la escritora Rosa Barocio afirma, esta es la primera "minipubertad". Se deja atrás el mundo mágico de la niñez para dar paso al mundo de la socialización.

El niño deja de interesarse por el juego simbólico, la magia, la fantasía, y le empiezan a llamar mas atención juegos grupales, competencias, actividades deportivas, retos y el conocimiento. El interés lúdico cambia, y ahora está centrado en el logro de nuevas metas a nivel individual y grupal. Busca ser competente comparándose con los demás o con sus propios resultados anteriores.

Se identifican con el género, quieren socializar con pares y prima el ambiente externo a la casa (por ejemplo el colegio, club, zona social). La pegunta fundamental en esta etapa de desarrollo es: ¿Quién soy? Al estar comparándose constantemente, es necesario reforzar su autoestima y celebrar su iniciativa. Cuando proponen, quieren ayudar, colaboran con tareas, nosotros agradecemos y celebramos.

Entrada a la pubertad: La oruga prepara el capullo

Después de los cambios de los siete años vienen dos años de quietud, hasta que entramos a los nueve. En esta etapa, los cambios físicos no son notorios, entonces pasa desapercibida, pero es una etapa desafiante donde están ocurriendo muchos procesos internos. Rebeldía, irritabilidad y sensibilidad. Por esa razón, muchos maestros notan que tercero de primaria puede ser el año escolar mas desafiante. La identificación con pares aparece mas fuerte que nunca y la pregunta fundamental es: ¿Tengo amigos? ¿Me quieren mis amigos? ¿Pertenezco? Esta etapa está abriendo el camino a lo que será la adolescencia.

Abriendo las alas: La metamorfosis

Después de los nueve años vienen dos años de calma: los 10 y 11 que los preparan para el verdadero ciclón, para la adolescencia con sus regalos y desafíos. Alrededor de los 12 para las mujeres, y los 13 para los hombres, llega la pubertad con sus cambios físicos, emocionales y cognitivos. La adolescencia es una etapa crucial en el desarrollo humano, donde se da la verdadera separación de los progenitores, donde se define su individualidad, donde se corta el cordón umbilical para sentirse libres. En la adolescencia se deja de admirar ciegamente a los padres, y se empiezan a cuestionar, confrontar y contradecir. La rebeldía y oposición son un síntoma saludable que le abre paso a la singularidad del ser.

Muchos padres y educadores le temen a la adolescencia, porque desconocen los procesos que ésta trae consigo. Rosa Barocio en su libro “Disciplina con amor para adolescentes”, usa una metáfora espléndida. La adolescencia es como el capullo de una mariposa. Habrá quien lo encuentre muy poco inspirador, pero simplemente porque desconoce toda la magia que está ocurriendo en su interior. La niñez simboliza la oruga, que come y come, absorbe de su medio para nutriste. Pero luego esa oruga debe esconderse en su capullo buscando soledad y quietud para prepararse para a transformación. Sin el capullo no hay mariposa, así como sin adolescencia no habría adulto.

La adolescencia trae consigo oposición, lentitud (los adolescentes tienden a dormir mas porque su metabolismo LO NECESITA), y altibajos emocionales por los cambios hormonales. Pero como cada ciclo, después de la tormenta llega la calma y de ese capullo nace un ser renovado, con sus propias alas, listo para emprender el vuelo.