Nutrir o destruir a través del lenguaje. ¿Cómo comunicarnos con nuestros niños?

Actualizado: 24 de ago de 2019



- Sin darnos cuenta manipulamos:

“Si no te portas bien mamá se va a poner muy triste”;

- Sin darnos cuenta coercionamos:

“Ponte este vestido que te compró mamá que te ves mas linda”;

- Sin darnos cuenta etiquetamos:

“Eres muy necio; eres un grosero, eres un desordenado”

- Sin darnos cuenta invalidamos:

“No llores y te compro un helado” “¿Estás triste? No, no te pongas así, no es nada” “Ya pasó, ya pasó… ¿dónde está esa sonrisa?”.

-Sin darnos cuenta imponemos:

“Me haces caso inmediatamente y no se habla mas”.

En definitiva, los que tienen que aprender a hablar no son los niños, somos los adultos. El lenguaje importa y hace una gran diferencia en el desarrollo social y emocional de nuestras futuras generaciones.Todos tenemos una voz interna que nos habla en el día a día, pero sobretodo en los momentos difíciles. Esa voz interna es parte de nosotros mismos, pero se activa de manera automática y a veces nos sorprende con lo que nos dice. Es la voz que se activa cuando las cosas no nos salen como queremos o estamos desconsolados:

“Siempre haces todo mal”

“Eso te pasa, te lo mereces”

“Te amo, estoy aquí contigo, tú puedes”

¿Se identifican con alguna de estas frases? Cada persona tiene su propio diálogo interno, es único, porque viene de papá y mamá ¡Así es! Las frases que nos decimos hoy como adultos, para consolarnos o contenernos, son exactamente las mismas frases que nos dijeron nuestros padres en los primeros años de vida.

Lo que tus cuidadores te dijeron de niño, es hoy tu dialogo interno que te regula en momentos de ansiedad o desbordes. Son creencias no examinadas y automáticas que te acompañarán por siempre. Como explica la Doctora Becky Bailey, fundadora del modelo Disciplina Consciente: “My upset language as an adult, becomes the child inner speech. And the inner speech regulates you”.

Debemos saber que las palabras que les decimos a nuestros niños cuando estamos molestos con ellos, se convierten en una plantilla que utilizarán cuando sean adultos y necesiten regulación. Estamos literalmente formando su diálogo interno por el resto de su vida. Entonces vale la pena examinar: ¿Cómo estamos comunicándonos y cómo podemos hacerlo aun mejor? Aquí 5 pautas basadas en el modelo de Disciplina Consciente.

1. Dar instrucciones en positivo. ¿Qué queremos que logre?

Solemos utilizar la palabra ¡NO! para absolutamente todo.

No toques

No mires

No te muevas

No hagas eso

Nos enfocamos en aquello que no queremos, y olvidamos que nuestro foco potencia el comportamiento. Como una linterna estamos llevando toda la atención del cerebro a ese comportamiento en particular, y así, logramos el efecto contrario. La atención guía la neuroplasticidad, entonces cuando nos enfocamos en lo negativo que hace el niño, los alejamos de su objetivo último. Llevemos nuestra atención a lo que sí queremos:

Cambiemos: “La masa/plastilina es para jugar, no te la metas a la boca”

Por: “La masa/plastilina es para jugar, usa tus manos y mantenlas lejos de tu boca”

-Cambiemos: “Juan, no se pinta en el dibujo del compañero”

Por: “Juan, este es tú dibujo, ese es el dibujo de Luis, pinta en tú dibujo”

2. Dar opciones y no manipular

Cuando damos opciones claras frente a la norma estamos empoderando y logrando cooperación. Pocas veces incluimos a nuestros hijos en las decisiones, y por falta de creatividad y de esta fórmula del lenguaje, nos posicionamos desde el autoritarismo absoluto: “Se hace porque yo lo digo”. Como explica la doctora Becky Bailey, “disciplina sin cooperación es coerción”. Entonces, podemos darles dos opciones ante aquella tarea o actividad que no quieren hacer. Son entonces opciones positivas para que hagan lo ya establecido.

FORMULA: “Manuela, tú puedes decidir… puedes X o puedes Y ¿qué es mejor para ti?”

Veamos ejemplos de opciones versus manipulación o chantaje.

Chantaje: “Puedes usar tu Ipad en silencio o no lo vuelves a ver”

Opciones: “Puedes usar tu Ipad con audífonos, o puedes bajarle el volumen ¿qué es mejor para ti?”

Chantaje: “Puedes sentarte en tu puesto o salirte de la clase”

Opciones: “Puedes sentarte en la silla azul o en el suelo, ¿qué es mejor para ti?”

3. Notar sus estados emocionales sin juicio

Cuando nuestros niños tienen alguna emoción reaccionamos con sentencias:

“No llores por eso”

“Ponerte bravo no soluciona nada”

“Los niños grandes no sienten miedo”.

O intentamos rescatarlos:

“Ya te compro un helado para que te sientas mejor”.

La clave de la inteligencia emocional es NOTAR lo que sucede, como un observador externo y neutral, evitando todo juicio de valor. Cuando notamos sin juicios estamos permitiendo que nuestros bebés y niños cultiven introspección. La capacidad de conectar con su propio estado interno para regularse. Cuando notamos, estamos asertivamente diciendo lo que vemos, sin calificativos y sin adjetivos.

Notar no es decir muy bien o muy mal. Es DESCRIBIR sus reacciones. Entonces, en lugar de sacarlos de la emoción, enjuiciándolo o rescatándolo, vamos a describir cómo está su cuerpo: “Noto que tus manos están así, noto que tus cejas están así, noto que tus labios están así” y lo modelamos con nuestro propio cuerpo. Recuerda que el niño necesita verse en un espejo para conocerse a sí mismo, entonces con este acompañamiento vamos a garantizar consciencia corporal mientras activamos sus lóbulos prefrontales en el cerebro.

4. Dar una intencionalidad positiva a la conducta indeseada

A los malos comportamientos de los niños les atribuimos todo tipo de intención maquiavélica. “Hiciste eso para hacerme enfurecer”; “Claro, reaccionaste así porque eres un caprichoso y mimado”; “Es que me estás manipulando”. La verdad es que todo comportamiento en el niño es un llamado de ayuda, es la comunicación disponible para manifestar una necesidad. Cuando un niño tiene un mal comportamiento y respondemos con gritos, regaños o reclamos es como si pasara exactamente esto a continuación:

Pedro tiene 4 años y apenas sabe contar los números. Llega su maestro y le da como tarea una división. Pedro pide ayuda pues no sabe cómo hacerla y el maestro le responde “¡NO! Ya es hora de que supieras, es el colmo”. Le da la espalda y se va.

Los niños que tiene comportamientos agresivos, pataletas o no se comportan como esperábamos, están apenas desarrollando una habilidad para lograr usar sus palabras y ser asertivos en la solución de conflictos. Pero si nosotros como adultos no se los enseñamos entonces ¿quién lo hará?

Por esa razón es importante, ante cada comportamiento indeseado, nosotros como adultos, verbalizar una intención positiva. Entonces le explicamos al niño: “Tú querias _________”. Por ejemplo, "tú querías llamar mi atención"; "tú querías que respetaran tu puesto en la fila"; "tú querías seguir jugando en el parque"; "tú querías que te bajara del coche".

Y acto seguido, le mostraré cómo puede usar sus palabras para expresar esa necesidad o qué comportamiento sí puede hacer. Entonces le diré por ejemplo: “Puedes usar tus palabras y decirle a tu compañero, este es mi puesto y tú vas atrás de mí” o “Puedes alzar tu mano así (le muestro) cada vez que necesites mi ayuda”. Después de la intencionalidad positiva le mostramos lo que sí puede hacer.

5. Felicitar versus lograr

Cuando felicitamos estamos poniendo el foco en la aprobación externa. Entonces encontramos niños que se comportan bien por satisfacer a sus padres, pero no porque realmente entiendan el valor de esa norma o porque genuinamente estén a gusto con lo que hacen. Como maestros solemos caer en este error donde felicitamos a los “buenos” y desalentamos a los “malos”. Esto solo genera división, pérdida de poder y sobrecarga.

No queremos que nuestros niños pierdan su poder personal, sean maleables, o extremadamente inflexibles y perfeccionistas. Queremos que sean creativos, genuinos y responsables… pero sobretodo, felices y capaces de decir ¡NO! cuando en la adolescencia se avecinen tentaciones que les puedan hacer daño. Esto lo logramos en la medida en que dejamos de felicitar y en lugar de eso describimos. El modelo de Disciplina Consciente entonces nos propone ser mas neutrales y describir el comportamiento, luego señalando la consecuencia.

En lugar de ¡Muy bien! ¡Bravo! ¡Eres el mas juicioso!

Tu __________ (describe lo que hizo). Eso fue de gran ayuda.

“Tú Manuela recogiste las crayolas. Eso fue de gran ayuda”.

En conclusión, somos los adultos los que debemos aprender a hablar. El lenguaje es un arma que empodera o destruye, y en nosotros está la elección ¿Nutrir o destruir con las palabras?