Ser hermano mayor

Actualizado: 24 de ago de 2019



¡Un intruso en mi familia!

Ser hermano mayor representa un gran desafío. Todas las estructuras se desestabilizan y eso puede representar el mejor de los regalos o la peor de las amenazas. Aunque no hay formula universal a la hora de preparar a nuestro hijo a ser hermano mayor (pues la singularidad del ser prima ante cualquier intento de generalizar) sí es cierto que algunas recomendaciones pueden abonar el terreno y hacer la transición mas armoniosa. En este artículo exploraremos tres postulados a la luz de la psicología infantil.

1. ¡Alguien se acerca!

Nuestro cerebro busca patrones para sobrevivir, y no existe algo que de mas sosiego al Sistema Nervioso que saber qué es lo que va a pasar a continuación. Por eso en psicología somos tan insistentes con las rutinas y anticipar a nuestros niños. La seguridad va a reducir niveles de ansiedad y por ende va a mitigar comportamientos reactivos. Recuerda, “caos no es falta de control, es falta de estructura” Becky Bailey.

En esa medida, la anticipación será tu aliada. Para que nuestros hijos entiendan las transformaciones reales que se vivirán en el núcleo familiar, construiremos un libro con fotos REALES. Dicho libro, que harán en conjunto, permitirá prepararlo para las transiciones propias del embarazo de mamá y el nacimiento de un hermano. El título pueden escogerlo ustedes mismos y ser creativos en el proceso: “El mejor regalo” ; “La llegada de mi hermanito” ; “Seré hermano mayor” etc; y leerlo como parte de la rutina al menos un mes antes del nacimiento.

Dicho libro se puede dividir en embarazo, parto, postparto. Ustedes deciden qué tantos detalles van a incluir, lo importante es que tenga fotos reales y que por cada página tenga un breve texto. Por ejemplo, página uno puede decir: “La barriga de mamá crecerá y crecerá, pues adentro está creciendo Julia, tu hermanita”, acompañada de la foto de mamá embarazada.

Algunas páginas recomendadas:

- Una foto de la cuna donde dormirá el bebé. “Esta será su cunita, aquí dormirá ella…”

- Una foto de los juguetes que tendrá el bebé. “Julia tendrá sus propios juguetes…”

- Una foto del hospital. “Cuando llegue la hora de que Julia nazca, iré al hospital para que el doctor me ayude a sacarla de la barriga. Mamá dormirá en el hospital, donde estarán cuidándola y dándole mucho amor…”

Muchos bebés creen que el hermano nace y van a poder jugar con él o ella inmediatamente. Para evitar esa decepción se recomienda incluir en este libro los pormenores del postparto. Recuerda que debe ser lo mas realista posible, pues no queremos generar falsas expectativas. Por ejemplo:

"Cuando Julia nazca será muy pequeña, no vamos jugar con ella todavía…

  • Va a dormir y llorar mucho

  • Pero vamos a vestirla y ponerla al sol

  • La vamos a bañar

  • Y tú nos vas a poder ayudar con la crema

  • Cada vez que la quieras alzar debes pedir ayuda a mamá o papá". (Los niños se entusiasman con la idea de cargar a su nuevo hermano, y es importante delimitar con instrucciones claras para que no lo traten de alzar cuando un adulto no está ayudando).

2. Seguirás amándome?

El fantasma en la psiquis del hijo mayor, especialmente si es menor de tres años, es que su madre lo abandone por la llegada del bebé. El miedo a perder o ver reducido el cariño y la atención de mamá y papá puede ser aterrador, y muchas veces la profecía se cumple. El recién nacido demanda tanto tiempo, cuidado y atención que se pierden momentos de conexión con el hijo mayor. Por esa razón, es fundamental establecer rituales de conexión al menos tres veces durante la rutina diaria, tanto antes del nacimiento como durante el postparto.

Un ritual de conexión o ritual amoroso, según el modelo de Conscious Discipline, no es un premio, es un momento de fortalecimiento afectivo que hace parte del día a día. Dichos rituales, que cada padre o madre puede inventar, deben tener tres componentes:

-contacto visual.

-contacto físico (cogerle las manos, abrazarlo, etc).

-completa presencia (es un momento de Mindfulness donde nuestra atención y sentidos están puestos en el momento presente. Estamos atentos, sin hacer nada diferente que nos distraiga).

-debe ser en un contexto divertido o de juego.

En esa medida, si cantamos una canción cara a cara con nuestros hijos, mientras hacemos un movimiento o juego con las manos, estamos logrando un ritual de conexión. Los estamos mirando a los ojos, los estamos tocando, estamos ahí conectados con ellos y nuestra atención al 100%, mientras nos divertimos y reímos. Estos rituales no toman mas de 3 minutos y fortalecen el vínculo y apego de manera significativa. Si quieren conocer más sobre estas actividades les recomiendo el libro “I Love you Rituals” de la autora Becky Bailey.

3. ¡Quiero ser tu bebé!

Aunque no es la norma, algunos niños retroceden a comportamientos de etapas anteriores a su desarrollo. Es decir, vuelven a hacerse pipí en la cama o en los pantalones cuando ya habían dejando el pañal; piden de nuevo el chupo o el tetero/biberón cuando ya lo habían dejado; empiezan a hablar o pronunciar de forma infantil; vuelven a chuparse el dedo o empiezan a gatear cuando ya estaban caminando. Que los niños vuelvan a recrear algunas conductas de etapas anteriores, que ya parecían haber superado, no es un acto consciente y deliberado. Es decir, el niño no lo está haciendo como una estrategia de manipulación, ni porque sea consentido, ni porque este tratando de engañar a los adultos.

Estos comportamientos son un mecanismo de defensa del inconsciente, a través del cual se está aliviando algún malestar. Anna Freud fue la primera en estudiarlos y los denominó regresiones. En esa medida, las regresiones, que son conductas ya conocidas, son una apoyo que brinda seguridad y le permiten al niño lidiar con situaciones nuevas o amenazantes. Las regresiones pueden aparecer ante la llegada de un hermano, pero también ante el divorcio de los padres, la entrada al jardín, un cambió de ciudad o la muerte de algún ser querido.

Al ser un mecanismo de defensa, saludable y necesario, no intercedemos ni mucho menos castigamos. Algunos padres se molestan con este tipo de comportamientos y presionan al hijo a volver a sus conductas habituales. Esto solo entorpece el proceso. Evita frases como: “Tú ya no eres un bebé, deja esas bobadas”; “Ya eres grande para estar en esas, para ya”. Si te pide el tetero/biberón dáselo; si quiere gatear permíteselo. Recuerda que las regresiones son una fase de corta duración y tu hijo volverá a las conductas adecuadas según su etapa de desarrollo.

Construir el libro anticipatorio, crear rituales de conexión dentro de la rutina y respetar las regresiones será clave para apoyar a tu hijo en la transformación que implica convertirse en hermano mayor.