El poder detrás de "Perdóname hijo"

Actualizado: 1 de oct de 2019



“A los niños no se les pide perdón; Si lo haces entonces pierdes la autoridad”, decía una madre que sacrificó la relación con su hijo por rescatar su orgullo.


En el artículo de esta semana quiero hablar de reparación. Es cada vez mas frecuente encontrarme madres que después de escuchar mis talleres se sienten abrumadas y llenas de culpa por su anterior modelo de crianza. Con la mirada llena de vergüenza me preguntan, ¿y ahora qué hago?


- Dejé a mi bebé llorando largos periodos de tiempo porque creía que lo iba a malcriar si lo consolaba.


- Apliqué métodos en entrenamiento de sueño para que mi bebé durmiera la noche entera. Lo deje desregulado y llorando durante varios minutos e incluso horas en su cuna.


- Ignoré la pataleta, rabieta o berrinche, mostrándome molesta y diciéndole “hasta que no estés feliz no hablo contigo”.


- Acudí a pantallas digitales para distraerlos y mantenerlos quietos.


- Apliqué castigo físico, gritos, amenazas, tiempo fuera o castigos.


- Censuré su expresión emocional, diciéndole “no seas miedoso”, “no es para tanto”, “dejar de quejarte” “deja el drama”.


Si hiciste uno, o todos los anteriores, la relación con tu hijo no está condenada para siempre, y como en toda relación humana, tenemos la posibilidad de empezar de nuevo. No es tarde para reparar, pero la reparación implica un esfuerzo consciente llevado a la acción: PEDIR PERDÓN.


Aunque para algunos adultos esto resulta una obviedad, para la gran mayoría no. ¿Pedirle perdón a un niño? ¿Desde cuándo los pájaros disparándole a las escopetas? Aun se tiene arraigada la idea de que un padre jamás debe dar el brazo a torcer. Es decir, no importa el error, un padre jamás pide perdón o admite que se equivocó. Dignidad, orgullo y autoridad mezclados en una pócima tóxica que solo deja la relación fragmentada y la herida abierta.


La realidad es que como padres y educadores nos equivocamos ¡y mucho! “Es imposible desenvolvernos siempre la máximo nivel. A veces somos inmaduros, reactivos y crueles” Daniel Siguel. Entonces, disciplina es sobretodo aprender a pedir perdón. ¡Sí! Por mucho que le incomode al ego adulto. Eso no significa que perderemos el respeto de nuestros hijos; Eso no significa que nuestros hijos jamás nos volverán a escuchar; Eso no significa que jamás seremos tomados enserio otra vez. Pedirle perdón a nuestros bebés, niños y adolescentes es la máxima enseñanza de humildad, introspección y corrección. Es “estar dispuesto a ser para ellos un modelo de conducta que reconoce sus errores” Daniel Siguel.


El acto de pedir perdón debe ser verbal, explicito y genuino. Debe referirse al acto, conducta o reacción específica del padre, y debe reconocer y validar el impacto que tuvo en el hijo. Va mucho más allá de simplemente decir: “Lo siento” entre dientes. Es en realidad una apuesta por reflexionar, reconocer y disculparnos. Entonces, ahora que lo sabes, busca un espacio tranquilo para tener esta conversación con tu hijo. Y recuerda: aun cuando él o ella estén muy pequeños y no hablen, debemos hacerlo en voz alta, con claridad, pues siempre entienden y perciben todo a su alrededor.


Según estudios científicos, solamente el 30% del tiempo los adultos logran sintonía con sus bebés. Es decir, solo el 30% del tiempo hay conexión, contacto visual, atención plena y una respuesta adecuada a sus necesidades. ¿Qué pasa con el restante 70%? Estamos desintonizados.


Si por naturaleza pasamos mas tiempo desconectados que conectados con nuestros niños, es hora de hacer un esfuerzo consciente por re-sintonización. Por esa razón, además de pedir perdón cuando los herimos o abusamos con nuestras reacciones, es también necesario fortalecer el vínculo afectivo a través del juego y el tiempo de calidad. Por esa razón, recomiendo incorporar Los rituales amorosos como parte de la rutina (ver libro 'I Love you Rituals' Becky Bailey).


Los rituales amorosos son una estrategia para re-sintonizarnos y reparar, para fortalecer el vinculo y volver a conectarnos. Estos rituales solo toman de 2 a 3 minutos pero son poderosos mecanismos para el cerebro para recobrar la confianza. De esta manera, un ritual amoroso es cualquier juego o dinámica que consta de tres componentes:

- Contacto visual

- Tacto físico (tomarse de las manos, abrazarse, juntar palmas)

- Completa presencia en un contexto divertido


- El contacto visual amoroso libera dopamina en el cerebro. De esta manera, activa nuestro centro de placer y relajación. Nos conecta con el otro y activa nuestras neuronas espejo.

- El contacto físico libera oxitócica e inhibe el cortisol en el organismo.

La universidad de Berkeley comprobó que cuando los jugadores de la NBA se felicitaban con contacto físico después de una anotación, su rendimiento mejoraba.

- Por último, estos dos componentes en una situación divertida, de juego, donde el adulto tiene completa presencia (no hay celulares, llamadas o interrupciones de por medio), crean el ambiente ideal para poder fortalecer el vínculo afectivo. ¿Cómo crear un ritual amoroso? Puede ser una canción infantil, donde nos sentemos frente a frente a nuestros hijos, donde mantengamos contacto visual mientras cantemos y tengamos contacto físico jugando a hacer lo que dice la canción. En el siguiente video podrás entender mejor cómo se ve un ritual amoroso:





La invitación es entonces a reparar, no importa si ya pasó mucho tiempo, no importa si nos sentimos incomodos o tenemos resistencia, nunca es tarde para decir: “Lo siento hijo, me equivoqué”. Hagamos la reparación, pedir perdón y los rituales amorosos parte de la rutina diaria.


"Muchos padres simplemente pasan por alto la ruptura y no la afrontan, lo cual puede ser tan desconcertante y perjudicial para los niños como para los adultos. Imaginemos que alguien importante para ti se muestra reactivo y te habla con brusquedad, pero luego no se vuelve a sacar el tema y finge que no ha pasado nada. No te sentirías nada bien, ¿verdad? Pues en el caso de los niños pasa lo mismo" Daniel Siegel.


No seremos ni pretendemos ser padres perfectos, pero con humildad y apertura podremos ser los padres que nuestros hijos necesitan: padres capaces de reconocer sus errores, reparar la relación y priorizar el amor antes que el orgullo.