Déjalo ser, y apoya quien será



¿Azul para los niños y rosado para las niñas?


En 1800 todos los bebés eran vestidos de blanco. Esa era la norma cultural. Solo hasta 1918 se le asignó un color al género: el rosado se estableció como el color de los hombres, al estar mas cerca al rojo y representar fuerza y rudeza. Por el contrario, el azul se estableció como el color de las mujeres, mas suave y sereno.


Solo hasta 1940, y de manera completamente arbitraria, el color rosado fue catalogado como el color femenino, y el color azul fue catalogado como el color masculino. ¿De dónde vino la necesidad de crear colores distintivos para cada género? Del capitalismo y la sociedad de consumo. Las multinacionales que se dieron cuenta que apoyar la división de colores duplicarían sus ventas. ¿Por qué? Porque los padres de un hijo varón tendrían que volver a comprar todos los productos una segunda vez, cuando tuvieran una hija. Y viceversa.


Con esta anécdota histórica abro el artículo de esta semana para hacer una llamado a la inclusión y la diversidad. Es importante entender que los roles de genero que asignamos a nuestros bebés desde recién nacidos son estereotipos, inexactos y arbitrarios que la sociedad ha establecido, y resultan limitantes para el desarrollo de un niño, pues llegan a encasillarlos en algo que no son y traerles mucho sufrimiento.


Reflexionemos:

  • ¿Si un hombre está jugando con muñecas y quiere ponerse un vestido de princesa entonces es necesario rectificar, quitarle el disfraz y los juguetes y forzarlo a jugar con lo que “debería” por ser un hombre?

  • ¿Los padres y maestros deberían regirse por el concepto binario de género (femenino/masculino) y su ‘adecuada’ expresión?

  • ¿Los padres deben inculcar roles de género? ¿Enseñar lo que significa ‘ser hombre’ y lo que significa ‘ser mujer’?

Existe el concepto binario de “los niños hacen cosas de niños y las niñas hacen cosas de niñas”; pero esto no siempre se cumple. ¿Qué pasa entonces cuando se cuestiona las políticas culturales de expresión de género?; ¿Qué pasa cuando un niño quiere jugar a maquillarse y una niña quiere pintarse barba? ¿Cómo reaccionamos nosotros como adultos y qué necesitan los niños de nosotros?


Decirle a un padre que su hijo puede jugar con los juguetes del sexo opuesto; que su hijo puede crecer fuera de las normas binarias de genero (‘los hombres son hombres y las mujeres son mujeres’); que puede descubrir cuál es su identidad de género y no conformarse con lo socialmente establecido se siente como gritarle al mundo que la tierra es redonda en pleno siglo XIV.


Sexo biológico; orientación sexual e identidad de genero son tres conceptos completamente diferentes y no deben confundirse.


  1. El sexo biológico o sexo asignado está dado por los órganos genitales y se establece en una categoría binaria: masculino/femenino. Cuando un bebé nace, el medico asigna el sexo biológico basándose en sus genitales y órganos reproductivos.

  2. La orientación sexual implica el deseo o atracción física y emocional. En esa medida, se puede ser heterosexual, homosexual, bisexual y otras.

  3. La identidad de género, por el contrario, es el sentimiento interno que surge de la interacción entre biología, desarrollo y el entorno. La identidad de género responde a la pregunta: ¿Con qué género de identifico, independientemente de mi sexo biológico y de mi orientación sexual? Aunque en la mayoría de los casos el sexo biológico asignado desde el nacimiento y la identidad de género coinciden (personas cisgenero), no es una regla. Y cuando no coinciden es cuando hablamos de diversidad de género y personas transgénero.

Las personas transgénero son personas que pueden tener un sexo biológico asignado pero que internamente NO se identifican con él. La diversidad de género no es un trastorno mental ni una enfermedad, es simplemente una manera de ser y estar en el mundo.


Aunque nuestros niños nacen con un sexo biológico definido, su identidad de genero se está formando y será independiente de su orientación sexual. Alrededor de los dos años ya empiezan a distinguir entre hombre y mujeres, y a mostrar una clara preferencia en su vestimenta, juguetes, personajes y roles. Nosotros como padres o maestros debemos respetar las elecciones de juego, de vestimenta o de identificación. Si un niño quiere ponerse un vestido de princesa y jugar a la casa de muñecas lo permitimos; si una niña quiere jugar con carros y disfrazarse de superhéroe lo permitimos también. Esta hace parte de una exploración saludable, que les permitirá construir su identidad de genero, con libertad, autoestima y aceptación.


Cuando se reprime la identidad de género desde temprana edad, entonces aparece ansiedad, inseguridad, depresión, baja autoestima y alto riesgo de suicidio en la adolescencia. El apoyo o el rechazo a la larga tienen poca influencia sobre la identidad de género de un joven. Es decir, su identidad de género no va a cambiar si tú lo castigas y lo obligas a jugar con cosas ‘masculinas’ o ‘femeninas’. Lo único que logras es represión y sufrimiento. El género es una conquista creativa personal, que como adultos acompañamos, pero nunca imponemos.


La invitación es entonces a permitir que nuestros hijos sean ellos mismos. Si esto nos produce ansiedad o nos incomoda debemos preguntarnos: ¿por qué? ¿Cuáles son nuestros propios prejuicios? ¿Cuál es nuestra herida o nuestro miedo? Nuestra responsabilidad será siempre una: Dejarlos ser, y apoyar quienes serán…